Psicología y logopedia infantil. Grupo Crece

Creciendo juntos es un proyecto de Grupo Crece donde cuidar la crianza. Ofrecemos temas de interés relacionados con la psicología, la logopedia y la educación donde padres, madres y educadores puedan compartir sus inquietudes


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El duelo en los niños

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La pérdida es una de las experiencias vitales que más dolor causa al ser humano. La sensación de angustia al sentir que algo amado ya no esta a nuestro alcance es algo que experimentamos desde nuestros primeros meses de vida, cuando no hemos adquirido la permanencia del objeto, capacidad que nos permite ser conscientes de que, aunque no estén a nuestra vista, las cosas pueden seguir existiendo.
El proceso de adaptación a la pérdida se conoce como duelo. Muchas veces nos referimos al duelo como el periodo emocional que sucede a la muerte de un ser querido. Pero el duelo no es una vivencia única y uniforme. En realidad, experimentamos tantos tipos de duelos como tipos de pérdidas hay en nuestra vida. Cada duelo es una experiencia diferente con uas manifestaciones, una intensidad y una duración particulares.
Los duelos acompañan a cualquier pérdida y, por tanto, están presentes a lo largo de nuestra historia. Y, sin embargo, aún hoy en día la sociedad tiene escasa conciencia de que los niños también pueden sufrir procesos de duelo. En general tendemos a pensar que los niños se olvidan pronto de las cosas, que no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor o que superan las adversidades con más facilidad. También es muy frecuente que intentemos protegerles del dolor ocultando las pérdidas o minimizándolas.

Lo cierto es que los niños perciben la pérdida y experimentan el sufrimiento que conlleva, aunque es posible que la expresión de su dolor sea diferente a la de los adultos:

– Los niños tienen más dificultad para diferenciar entre la tristeza y el enfado. Al ser esta última una emoción que conlleva conductas más llamativas, los niños suelen elegirla como medio de expresión de su malestar.
– A veces pueden experimentar conductas regresivas, como falta de control de los esfínteres o pérdida de habilidades adquiridas.
– También pueden aislarse si no comprenden su malestar y se ven incapaces de comunicarlo.
– Pueden jugar a juegos en los que la muerte, la pérdida de amigos o el tipo de pérdida que esté experimentando esté más presente de lo habitual.

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¿Cómo podemos ayudar a los niños a gestionar sus duelos?

– Ante todo, hay que hablarles claramente de la pérdida, explicarles lo ocurrido para evitar sentimientos de culpa.
– No hacer de la pérdida un tabú, compartir y escuchar, legitimar el derecho del niño a sentir.
– Comprender que hay sucesos de la infancia que pueden suponer un duelo para los niños: la pérdida de un muñeco importante para ellos, no ser aceptados en el cole, separarse de un amigo, que mamá o papá estén menos presentes porque han ampliado su horario de trabajo o el nacimiento de un hermano son sucesos que los niños pueden vivir con gran impacto emocional, aunque desde la perspectiva adulta puedan tener otro significado.
-Ayudarles a expresar sus sentimientos. Los dibujos son un medio por el que los niños expresan sus emociones, por lo que los cambios en el universo emocional de los pequeños se harán presentes en ellos.
– Erigirnos como base segura, accesible y de aceptación, permitiendo a la vez a los niños su espacio y su tiempo para transitar por su proceso de duelo.duelo2
– Proponer a los niños rituales que les ayuden a superar el duelo o a hacerlo menos doloroso: enviar un globo al cielo con un mensaje para la abuela o el abuelo, hacer una fiesta de despedida antes de cambiarles de colegio y que los amiguitos escriban en un libro mensajes de ánimo… Los rituales de despedida son de gran importancia en todo proceso de duelo.

 

En los niños, como en los adultos, la expresión de las emociones y de los pensamientos negativos, así como sentirse apoyados y queridos aun en sus momentos más bajos, son primordiales para elaborar un proceso de duelo que les permita superar la pérdida.

 

Sara Ferro

 

Psicóloga infanto-juvenil y familiar

 

Grupo Crece

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¿Autoridad y aprendizaje emocional pueden ir unidas?

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Alrededor de los dos años de edad, los niños atraviesan la Fase de Individuación. En este momento de su ciclo vital se empiezan a percibir como un ser independiente de su madre. Es entonces cuando comienzan los famosos y rotundos “¡No!” como respuesta a cualquier petición que les hagamos. Es su forma de blindar lo que ellos empiezan a saborear como “sus propios placeres”.

O dicho con otras palabras, empiezan a fastidiarles (y mucho):

  • Nuestros Noes: “No te puedes subir ahí”, “No grites”, “No pegues a tu hermana”
  • Sus Frustraciones cotidianas: “Que una galleta se rompa si ellos la querían entera”, “Que un hermano no les preste algún juguete”
  • Y, especialmente, las Normas: impuestas por una figura de autoridad que para ellos tiene siempre el objetivo malintencionado de fastidiar sus momentos de máximo bienestar “Tienes que lavarte los dientes antes de irte a dormir”, “Tienes que recoger los juguetes antes de la ducha”, “Nos vamos ya. No te lo voy a repetir”.

Esta faceta de la crianza, en la que les vamos marcando límites es tan necesaria como ingrata.

Pero para ellos tampoco es ningún camino de rosas. Socialmente tendemos a infravalorar el impacto y el sufrimiento interno que para un pequeño de dos años (y en adelante) suponen estas primeras experiencias.

Requerimos de ellos unas dotes de capacidad de análisis, sumisión, pensamiento estratégico y autocontrol que no se ajustan a sus capacidades reales por el nivel de desarrollo cognitivo-abstracto de su corteza cerebral.

¿Estoy diciendo con esto que no son capaces de hacer todo lo que les pedimos? ¡Porque cuando quieren bien que escuchan y lo hacen todo rapidito para obtener lo que les interesa!

No. Estoy diciendo que para ellos no es fácil. Nosotros somos los adultos y por tanto los responsables de facilitarles la tarea de familiarizarse e irse acomodando al cumplimiento de determinadas normas sociales.

¿Cómo podemos acompañar a nuestros hijos a transitar esta Fase de una forma más agradable y constructiva para todos?

  • Empaticemos con ellos. Atrévete a pensar por un momento cómo te manejas tú con las imposiciones sociales en tu vida diaria. No olvides que ellos te observan constantemente y que tú eres su referente.

¿Las aceptas sin más?, ¿Te enfureces excesivamente?, ¿Expresas lo que verdaderamente sientes?, ¿Te cohíbes y dejas que otros impongan el rumbo que debes seguir por miedo a decepcionarles?, ¿Explotas con quien menos se lo merece por no haber podido expresar lo que necesitabas ante una figura de autoridad?

En muchos momentos nos podemos reconocer respondiendo “Sí” a estas preguntas. No es fácil, se tenga la edad que se tenga, “acomodarse” a los requerimientos sociales. Y a lo mejor, en algunos, no es ni sano ni necesario (pero esto como diría Javier Krahe, es otra canción).

  • Empaticemos con nosotros mismos. En las situaciones donde tienes que acatar las decisiones de alguna figura de autoridad, qué prefieres:

¿Que la persona que te está marcando los límites te trate con comprensión, firmeza y ternura o con agresividad (verbal, física) y frialdad? ¿Qué haya cierto margen para la negociación y la expresión de tus emociones o que se te obligue a estar callado? ¿Qué te permitan e incluso reclamen una visión crítica o que te exijan sumisión y obediencia?

Reflexiona sobre ello un instante con calma. Y ahora piensa, ¿para tus hijos querrías algo parecido a lo que tú necesitas como adulto? ¿Y no será su infancia un buen momento para comenzar a transmitírselo?

Ahora bien, si hemos llegado a las conclusiones de que para ellos no es fácil aceptar y gestionar las imposiciones, que no da igual el cómo lo hagamos para obtener un resultado u otro y que su hemisferio derecho, ligado al mundo emocional y creativo está más desarrollado que el izquierdo…

Permitamos a nuestros hijos que se enfurezcan honestamente ante nuestros límites. Pero acompañémosles de una forma controlada “entiendo que te sientas así pero no puedo dejar que me pegues…”, respetuosa “no lo has hecho nada bien, yo se que mañana lo vas a intentar hacer mejor, porque ya te he visto otras veces superarte y se que eres capaz” y empática “tienes que estar enfadadísima por todo lo que ha pasado” “yo si fuera tú estaría tristísima por lo que te han dicho”, es mucho más probable que nuestros pequeños”.

Es la forma más sana y adaptativa de lograr que:

  • Disminuyan la cantidad y la intensidad de sus rabietas. Así como muchos comportamientos posteriores, que quizá no asociamos con la forma en que las hemos gestionado, pero que son su forma de decirnos que no se han sentido bien tratados y que quieren que probemos la misma medina.
  • Adquieran un mayor autocontrol y capacidad autocrítica. Porque no necesitan defenderse. Te pueden escuchar, entender (aunque no compartan tu opinión) e interiorizar tus mensajes. Esto es en el fondo lo que todos los padres pretendemos, porque qué es criar sino conseguir convencerles de nuestros mensajes.
  • Tengan un buen concepto de sí mismos. Porque no estarán escuchando constantemente frases denigrantes y sin mensaje educativo ninguno, como “eres sordo o tonto, quieres que te parta la cara, me estás vacilando, tú te has creído que yo soy imbécil, que te calles y punto, nos vamos porque eres malo y no me extraña que ningún niño quiera ser tu amigo…y muchas otras lindezas que pueden parecer más sutiles pero que no por ello les resultan a los pequeños menos amenazantes o hirientes.
  • Exijan un buen trato a los demás. Porque han aprendido la vivencia de sentirse ”bien tratados”. De ser seres dignos de ser escuchados, tratados con respeto y eso será lo que busquen y también lo que proporcionen en la interacción con los demás.

¿Te parece una buena herencia emocional? Entonces merece la pena intentarlo. Confía en ti. Es cuestión de convicción, práctica y lo más importante, MUCHO AMOR (y esto tus hijos ya lo obtienen de ti cada día).

Nayra Herrera Vaquero

Psicóloga infantojuvenil y familiar

Grupo Crece


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Cómo ayudar a los hijos adolescentes a mejorar su autoimagen

e07d1-1410776272311Durante la adolescencia se sufren una infinidad de cambios, pero probablemente, los más drásticos son los cambios físicos. Una mala adaptación a estos cambios físicos y por lo tanto, la falta de aceptación de los mismos, pueden hacer estragos en la auto-estima de un adolescente.

 Forjar una imagen corporal positiva y saludable es una tarea muy importante para el adolescente, puesto que repercutirá tanto en su auto-estima como en la confianza que tendrá en sí mismo. Aunque la imagen corporal es cambiante y sensible a los estados de ánimo y su ambiente físico, también se forma a partir de las experiencias que el adolescente tiene y de la gente a su alrededor –padres de familia, modelos a seguir, los medios de comunicación, y sus compañeros, quienes le dan una idea de qué es valorar su cuerpo.

Es aquí donde entra el papel de los padres para fortalecer la imagen corporal de sus hijos. Y esto puede hacerse de diversas maneras, poniendo atención a detalles como la forma en que se elogia al hijo(a) adolescente, el tipo de amistades que los padres frecuentan y fomentan en los hijos, el tipo de comida que se les ofrece, el tipo de publicidad a la que el hijo(a) está expuesto, etc.

Cualquiera que ponga atención a la publicidad dirigida a los adolescentes en la televisión y las revistas puede notar cómo se fomenta la imagen de las modelos demasiado delgadas, cuerpos musculosos en los hombres… que no sólo no representan a la mujer y al hombre promedio, sino que además, fomentan una imagen corporal muy lejos de ser saludable.

La apariencia física es uno de los primeros atributos con el que los niños se describen a sí mismos y a los demás, mientras que la imagen corporal es uno de los primeros aspectos por el cual los niños perciben una parte de su autoconcepto (cómo los niños creen que son).

En los últimos años se ha constatado un incremento de los casos de insatisfacción o preocupación corporal excesiva en edades cada vez más tempranas. En general, los resultados hallados indican que las mismas variables asociadas a la preocupación por la imagen corporal y a los problemas de alimentación en adolescentes y adultos jóvenes, aparecen también asociadas en niños preadolescentes de entre 8 y 12 años con problemas alimentarios y de imagen o insatisfacción corporal.

La evidencia científica constata que los niños, y especialmente las niñas, aprenden de sus familias, a través de los medios de comunicación y en la escuela con sus compañeros, los valores sobre la apariencia y la importancia de ésta en la sociedad.

Entre los factores que parecen incidir más en el origen y desarrollo de la preocupación por la propia imagen y por la alimentación en niños y niñas destacan:

  1. Las burlas por parte de otros niños (en ocasiones motivo de acoso escolar)
  2. La interacción e intercambio de opiniones e información de los niños y niñas con sus semejantessobre temas de peso, dietas y alimentación, y
  3. La influencia del entorno familiar, sobre todo en aquellas áreas que adquieren importancia durante el periodo de desarrollo preadolescente, cómo son la imagen corporal, objetivos, vocaciones y actitudes sexuales.

A continuación se ofrecen algunos consejos que los padres pueden seguir para ayudar a su hijo(a) adolescente a desarrollar una imagen corporal positiva.

Los medios de comunicación y la imagen corporal en los adolescentes

El adolescente promedio está expuesto diariamente a multitud de anuncios de este tipo en revistas, internet y televisión, donde recibe demasiadas veces un mensaje equivocado acerca de la imagen corporal (“éxito social y profesional”, “ligar”, “marcas”, “alimentación hipocalórica”, etc.). Es aquí donde los padres pueden minimizar el impacto de los medios de comunicación y fortalecer la imagen corporal de su hijo:

  • Limitando la exposición del hijo a este tipo de publicidad
  • Explicándole cómo las fotos son muchas veces alteradas, retocadas y mejoradas, que muestran la imagen corporal en formas poco objetivas en la vida real. La mayoría de la gente no se corresponde con ese tipo de imágenes.
  • Hablando con él de los riesgos para la salud que involucra estar tan delgado y de las ventajas de tener un cuerpo saludable
  • Revisando qué nos venden a través de los medios de comunicación y qué de esto estamos promocionando en casa (auto reflexión)

Consejos para ayudar al hijo adolescente a desarrollar una imagen corporal positiva

  • Desarrollar unas buenas habilidades de comunicación con el hijo: ADECUADO MANEJO DEL LENGUAJE VERBAL Y NO VERBAL acerca de la imagen corporal y la autoestima.
  • No esperar hasta que los hijos le hagan preguntas: conocer y practicar los mensajes que se deseen compartir. Buscar las oportunidades para enseñar, que le permitan fácilmente ayudarles a adoptar las características y cualidades que los hacen únicos.
  • Tratar de entender el punto de vista de los hijos: partir de lo que sienten, de sus opiniones, gustos e intereses.
  • Evitar hablar negativamente acerca de la comida, el peso, acerca de qué tan “bien” se ve alguien sólo porque está delgado(a), etc.
  • Centrarse en cosas que no tengan nada que ver con su apariencia física: sus logros, talentos, habilidades, potencialidades personales, otras cualidades, etc. Reforzarlo.
  • Es importante tener una actitud congruente en todo momento. Los hijos imitan las creencias y prejuicios de los padres. Es por eso que los padres deben estar pendientes de lo que dicen y cómo reaccionan ante su propia forma y tamaño corporal y la de los demás (evitar mensajes contradictorios).
  • Preparar comida interesante y novedosa. Encontrar recetas saludables y divertidas que el hijo podrá disfrutar preparar y  permitirle invitar a sus amigos a “jugar” en la cocina.
  • Reforzar e incitar cualquier actividad saludable para su cuerpo: deportes, comer sano, bailar, andar, practicar relajación, etc.
  • Felicitar su apariencia cuando se vea bien, darle elogios inesperados.
  • Comenzar a hablar con los hijos cuando son pequeños les ayudará a cimentar las bases para desarrollar una imagen corporal y autoestima positivas. Nunca es demasiado tarde para comenzar.
  • Comentarle que cada persona es única, que cada cuerpo es especial y que hay conductas relacionadas con la imagen corporal que son sanas y otras que no lo son.
  • Los padres han de revisar sus sentimientos sobre su propio cuerpo y pensar en los mensajes que ha aprendido a lo largo de su vida.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga educativa

Grupo Crece


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Algunos valores a potenciar en la educación de los niñ@s de hoy

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Esfuerzo  y constancia

95ed5-esfuerzoEstos valores están relacionados con la capacidad de demorar el refuerzo y marcarse metas u objetivos a largo plazo. Favorece la consecución de dichas metas y la realización personal.

Para inculcarlo en los niños es importante:

  • dar un modelo de dicho valor,
  • instaurar normas claras que favorezcan su cumplimiento,
  • promover responsabilidades y compromisos,
  • reforzar el esfuerzo, la perseverancia y no únicamente el resultado final (enseñar a posponer el refuerzo).
  • Motivar a continuar. Desarrollar auto-motivación y autocontrol.
  • Reforzar la auto-superación.
  • Favorecer el desarrollo de niños activos y con inquietudes.
  • Favorecer el desarrollo de la creatividad en la resolución de problemas.
  • Aplicar de consecuencias adecuadas contingentes a la conducta.

Responsabilidad

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Está asociada a la libertad. Somos responsables de una decisión si somos libres para haber tomado esa decisión. La responsabilidad no implica obligación. El compromiso no se asume por la fuerza.

Como fomentar este valor.

  • Evitar culpabilizar o responsabilizar injustamente.
  • Enseñarles a asumir las consecuencias de sus actos. Aplicar contingentemente las consecuencias a la conducta.
  • Enseñar la coherencia entre el decir y el hacer
  • Delegar en ellos aquello que puedan realizar solos o con algo de ayuda.
  • Diferenciar responsabilidad de culpabilidad.

Autocuidado

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Significa aprender a dar valor a uno mismo.

Algunas pautas son:

  • Evitar la transmisión de valores engañosos del tipo: “salud=delgadez”, “autocontrol=no expresar las emociones”.
  • Potenciar la autoestima.
  • Ser modelo de autocuidado.
  • Construir hábitos equilibrados y flexibles de alimentación, deporte, higiene, revisiones médicas, cuidado psicológico…
  • Enseñar a posponer el refuerzo y el valor de la constancia.
  • Enseñar a discriminar situaciones graves de las que no lo son.

Cooperación y diálogo

Significa tener un objetivo común y buscar soluciones compartidas para que todos puedan conseguirlo.

Algunas pautas para lograrlo:

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  • Dar modelo de cooperación en el entorno familiar.
  • Potenciar juegos cooperativos en lugar de reforzar sólo el ganar.
  • Potenciar que los niños aprendan en grupo.
  • Enseñar a empatizar.
  • Enseñar a negociar.
  • Enseñar a disfrutar con las conductas de ayuda y cooperación.
  • Argumentar las razones de las cosas con los hijos desde pequeños.
  • Dar modelo adecuado de escucha activa,  de empatía y de intercambio de opiniones.
  • Favorecer que los niños resuelvan los conflictos interpersonales con las palabras mediando lo justo en los conflictos.

 

 

Amistad y relaciones afectivas

Significa saber buscar, elegir adecuadamente y mantener relaciones duraderas y satisfactorias y disfrutar de las relaciones personales profundas.

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Cómo podemos enseñarlo a los niños:

  • Favorecer el contacto y la relación social. Dar modelo de ello.
  • Enseñar a conversar.
  • Enseñar a compartir.
  • Enseñar a confiar.
  • Enseñar a defender los derechos personales.
  • Enseñar a saber elegir.
  • Enseñar a perdonar…

 

Creatividad

Aporta una mayor flexibilidad ante los problemas y es un estímulo para la actividad, un antídoto contra el aburrimiento, aporta novedades y hace la vida más interesante.

Podemos:

creatividad
  • Favorecer la exploración y aportar un entorno rico en estimulación. Dejar al niño experimentar. Saber delegar.
  • Implantar límites flexibles.
  • Reforzar los intereses y aptitudes del niño y el interés por el conocimiento.
  • Incentivar la búsqueda de alternativas en la resolución de los problemas.

 

 

 

 

Conocimiento

Significa desear aprender, valorar la sabiduría y el conocimiento, tener curiosidad por el mundo que nos rodea y por las cosas que ocurren en él.

Lo podemos fomentar a través de:

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  • Estimular las inquietudes, deseos, intereses personales; favorecer y reforzar la exploración.
  • Reforzar la conducta de atención y concentración y estimular un pensamiento reflexivo.
  • Fomentar el interés por la lectura.
  • Fomentar un hábito de trabajo.
  • Aportar estímulos novedosos, interesantes, variados, adaptados a las características del niño.

 

 

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece


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Beneficios de las actividades al aire libre en el desarrollo psicosocial de los niñ@s

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Muchos padres se quejan de que sus hijos consumen mucho tiempo delante del ordenador, la tele y los videojuegos. Estas actividades, aunque sean sus preferidas, limitan en gran medida sus experiencias de aprendizaje.

En este tipo de actividades el niño suele ser un receptor pasivo de los estímulos que provienen de los medios audiovisuales por lo que experimenta un repertorio limitado de respuestas emocionales e intelectuales. La mayoría de los juegos y programas hacen que el niño no interactúe con otras personas realizando estas actividades en solitario, además, ve menguadas las posibilidades de crear o imaginar porque todo le viene dado, está hecho. Uno de los aspectos más significativos es que accede a valores, en ocasiones, contradictorios con  respecto a aquellos que queremos que aprenda.

Esto no significa que debamos limitar al cien por cien el acceso a estas diversiones, sino que tenemos que generar alternativas que sean más educativas y enriquecedoras. Una opción estupenda para nuestros hijos son las actividades al aire libre.

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Aquellas actividades lúdicas que se realizan en el medio natural (juegos de equipo, deportes, excursiones…) suponen para niños y jóvenes el desarrollo de un conjunto de competencias necesarias para su desarrollo psicosocial.

Por un lado, este tipo de actividades requieren de la interacción con otras personas. El niño o el adolescente se desarrolla adecuadamente en la relación con los otros, aprende a regular sus emociones, a relacionarse, a conversar, a resolver conflictos, a crear lazos afectivos, a conocer las reglas del funcionamiento de la sociedad, a fijar lazos familiares…

Las actividades al aire libre proporcionan una riquísima variedad de experiencias sensoriales y emocionales. Generalmente, se activan los cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. El ambiente de las ciudades y las rutinas diarias nos alejan de experiencias sensoriales variadas y estimulantes para el desarrollo de nuestras sensibilidades que proporcionan bienestar y relajación.

El contacto con la naturaleza facilita que desconectemos de los problemas, que nuestra percepción esté en la estimulación externa y no estemos tan pendientes de nuestras preocupaciones. Vivimos en el mundo de la prisa y tomar contacto con el medio natural y con las sensaciones que éste ofrece, como la brisa en la cara, el olor de las flores, bonito paisaje…, nos hace conectar con el aquí y ahora. Pararnos a disfrutar de estas emociones básicas nos ayuda a relajarnos.

Las experiencias educativas al aire libre favorecen la creatividad

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La cantidad de experiencias emocionales que tengan nuestros hijos les aportarán una guía de conocimientos sobre sí mismos y más herramientas para el autocontrol. Debemos hacer hincapié en que la experimentación de emociones positivas y relajantes abre la puerta del aprendizaje y previene el aburrimiento o la apatía.

Por otro lado, permiten la exploración de las propias competencias y limitaciones, y posibilitan la adquisición de destrezas. La actividad física es muy importante de cara al equilibrio de nuestro organismo, descarga las tensiones, proporciona mayor control de uno mismo y provoca sensaciones de euforia y felicidad. Las experiencias educativas al aire libre favorecen la creatividad y la búsqueda de soluciones a los problemas o contratiempos.

Finalmente, abren la puerta a la educación de valores muy importantes desde el contacto directo con esa realidad y desde el disfrute: el cuidado de la naturaleza y del planeta, saber compartir, saber ganar y perder, respetar y amar a los animales, disfrutar de la interacción con los demás, la cooperación…

Todos estos elementos combinados hacen de las experiencias al aire libre una opción educativa inigualable. Existen múltiples opciones de ocio al aire libre. A la hora de buscar o seleccionar alguna opción, es importante, adaptarse a los intereses y capacidades de nuestros hijos y potenciar su realización en familia o con niños de su misma edad.

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece


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Inteligencia emocional para niños y adolescentes: habilidades para la vida

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El desarrollo de herramientas de comunicación interpersonal, autocontrol emocional, autoconocimiento, asertividad, gestión del tiempo, entre otras, es esencial a la hora de desenvolverse en la vida. Estas herramientas pueden adquirirse con el adecuado entrenamiento.

En el mundo empresarial, el entrenamiento en estas competencias se muestra como aquello que marca la diferencia para acceder a determinados puestos de trabajo. De hecho, son herramientas imprescindibles para casi cualquier puesto.

Dichas herramientas, que se engloban en lo que denominamos Inteligencia Emocional, no sólo abren las puertas en el terreno profesional, sino que nos facilitan las relaciones interpersonales, mejoran nuestra autoestima y nos ayudan para la consecución de nuestros objetivos vitales, nos acercan a ser un poco más felices.

Por ello, están cobrando cada vez más importancia en el ámbito educativo. En algunos programas de centros públicos, concertados y privados, se están incluyendo charlas, actividades extraescolares o proyectos de intervención para incidir en los aspectos socio-emocionales de niños y adolescentes. Estas intervenciones desgraciadamente no están lo suficientemente extendidas.

A lo largo del desarrollo de los niños y en la adolescencia, se está fraguando la personalidad y la base de las capacidades básicas a nivel de gestión y manejo de las emociones y desarrollo de las habilidades sociales. Es por tanto, un momento importante para trabajar la Inteligencia Emocional. Comunicarse asertivamente, controlar las emociones y expresarlas adecuadamente, vencer el miedo a hablar en público, gestionar su tiempo y desarrollar autodisciplina y automotivación, aprender a relacionarse con iguales y mayores, conocerse y aprender a tomar decisiones adecuadas en relación a su edad…, son habilidades importantes en la vida de los niños a cualquier edad.

Para que estas intervenciones sean efectivas deben prolongarse en el tiempo (no pueden ser meras intervenciones puntuales), tener un carácter lúdico y participativo y ser eminentemente prácticas, adaptadas a las diferentes edades y las distintas realidades de los menores. Una sesión de entrenamiento en habilidades es básicamente vivencial, donde a través de juegos, dinámicas de grupo, dinámicas de expresión, dramatizaciones, y ejercicios muy prácticos, se enseñan y practican las diferentes habilidades. Las sesiones se desarrollan, habitualmente, en formato grupal aunque también, se pueden enseñar algunas herramientas de manera individualizada. Se recomienda para niños de todas las edades aunque el entrenamiento será muy diferente según el rango de edad.

Además de ser en sí mismas provechosas para potenciar los recursos personales de los menores y solventar limitaciones u obstáculos, estás intervenciones, se han demostrado eficaces para prevenir conductas de riesgo como drogodependencias, trastornos de la alimentación, víctimas o agresores en procesos de bullying, etc. Además, se asocia con un mejor rendimiento escolar y menor propensión a padecer trastornos como ansiedad o depresión.

Hay diversas maneras de acceder a estos programas. Los ayuntamientos o comunidades autónomas los contemplan, a veces, dentro de los proyectos de algunos centros, se solicitan a través del AMPA de los colegios o la propia junta directiva del centro son quienes los organizan. Hay cierta oferta en centros de psicología o psicopedagogía, como Crece.

Los propios padres y educadores pueden enseñar a sus hijos o alumnos con la formación y entrenamiento adecuados en estas valiosas herramientas para la vida.

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece


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Cómo organizar los deberes de los niños

New school yearSi queremos que nuestros hijos disfruten en el colegio y se sientan motivados, es imprescindible organizar bien los deberes en casa. Podemos empezar a crear una actitud positiva hacia las tareas del cole desde que los niños son muy pequeños. 

¿Tenéis bien organizados los deberes del colegio en casa? Tiempos, espacios, actividades extraescolares, actitud de los padres… Todo cuenta.

Las horas de sueño

El horario de ir a la cama es fundamental, los niños deben dormir un mínimo 8 horas. Si no se puede mermar la atención, motivación, humor, actitud y comportamiento de los hijos.

El rincón de estudio

El lugar de estudio se tiene que diferenciar de los demás espacios para predisponer al niño a estudiar y facilitar la concentración. Por lo tanto, debe ser un lugar sin televisión, sin ordenador, sin música, con luz adecuada, tranquilo y con mínimas distracciones. Lo ideal sería una mesa con sus cuadernos y bolis y nada más.

El horario para hacer los deberes

Desde los 5 años de edad, se puede instaurar un “momento de los deberes”, que vaya incorporándose en casa de manera paulatina, en el que el niño incorpore como algo natural el tener un espacio para hacer actividades concretas (ya sea pintar, leer) que a medida que crezca se irá volviendo más complejo. Este es el cimiento de los futuros hábitos de estudio.

Premios y refuerzos

Además de un horario de hacer los deberes, es importante que haya consecuencias positivas por realizarlos (la valoración verbal y la expresión de emociones positivas de los padres siempre debe estar presente. Pero además, una hora de juego con mamá o papá, o se gana el fin de semana un desayuno con bollos o algo que sugiera el niño, si es realista y asequible para los padres. Nunca se tratará de regalos materiales o premiso excesivos, salvo excepciones). El objetivo es reforzar el esfuerzo y los resultados derivados de éste.

Se pueden acordar “premios” de fin de año, que se dan sólo si se cumplen los acuerdos, ya sean: clase de windsurf en verano, o buceo, o un mp3 nuevo, o cambio de móvil, o nuevo reloj o vacaciones con algún familiar, etc. El premio debe ser realista y no se debe materializar si no se han conseguido los objetivos. El objetivo es que el niño se lo gane, para que aprenda a esforzarse, buscar, conjugar y utilizar una motivación tanto interior como exterior para sus objetivos. Durante el año escolar los refuerzos y premisos no deben sobrepasar el gran premio final.

La merienda forma parte de los preliminares

Antes de estudiar y hacer los deberes se sugiere que coman algo, beban algo y pasada una hora entre una actividad y otra se pongan a ello, para que sientan que empieza otro momento.

Planifica los momentos de descanso (de toda la familia)

Los momentos de ocio también hay que planificarlos semanalmente para que sea un factor que promueva lamotivación. Tanto de padres con hijos, tanto de pareja como individualmente, porque muchas veces los adultos tienden a no desconectar y terminan cansados, tensos y de mal humor, y eso afecta a la relación con los hijos y al estudio.

Definir tiempo concreto frente a la televisión, chat, internet, consola, etc. Y definir y aplicar las consecuencias de no respetar dichos acuerdos. Padres, mantened vuestras palabras independientemente de que os entristezca.

Hacer los deberes no exime de otras responsabilidades

Es importante que los niños ayuden en casa, no pueden estar exentos por tener que hacer deberes o estudiar. Hay que definir tareas sencillas que diariamente se deberían hacer, por ejemplo: hacer su cama, recoger su ropa sucia para la colada, recoger sus libros o sus juguetes.

Cuidado con las actividades extraescolares

En cuanto a las actividades extraescolares, pueden ser muy recomendables, pero si son demasiadas pueden causar estrés a los niños e impedirles descansar como lo necesitan.

Hay que valorarlo con cuidado, porque si el niño está todo el día en el cole y luego sigue con actividades extraescolares, posiblemente llegue a casa con intención de “olvidarse de todo” y no querer hacer deberes ni estudiar.

Psicólogos infantiles de Grupo Crece