Psicología y logopedia infantil. Grupo Crece

Creciendo juntos es un proyecto de Grupo Crece donde cuidar la crianza. Ofrecemos temas de interés relacionados con la psicología, la logopedia y la educación donde padres, madres y educadores puedan compartir sus inquietudes


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Los cuentos en la educación y el apego

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El momento de lectura entre mamis, papis e hijos posee un gran valor dentro de una educación en los niños. Es un ritual en el que entran en juego multitud de habilidades y aspectos importantes, en el que se transmiten una gran cantidad de mensajes tanto verbales como no verbales que configurarán en gran medida la manera de concebir el mundo de los pequeños, así como las maneras de manejarse en él. Los relatos y cuentos han servido a la humanidad para mantener y transmitir el acervo cultural y educar a las

masas más allá de la infancia, por lo que debemos de ser conscientes del poder que poseen todos los relatos, fábulas y cuentos sobre la manera de pensar en los niños para poder elegirlos de manera responsable.

A la hora de leer un cuento a nuestros pequeños debemos tener varias cosas en cuenta:

– El momento: antes de dormir puede ser un momento de tranquilidad e intimidad de calidad. Además, leerles un cuento antes de dormir les ayuda a despejar la mente y favorecer un mejor descanso.

– El ambiente: el lugar que elijáis para leer el cuento debe inspirar tranquilidad y no poseer grandes distractores que puedan romper la atmósfera especial del momento. Establecer un lugar para el cuento ayuda a los niños a aprender las rutinas y a adaptarse a cada situación en función de sus características. De este modo, a la misma hora en el mismo lugar, los niños entenderán que es el momento del cuento y lo que eso conlleva. Esto también requerirá de un compromiso por parte de los padres, que deberán respetar ese espacio de compartir con sus hijos y solo con ellos, dejando el móvil apagado o fuera de la vista.

– El ritual: para evitar posibles conflictos es aconsejable establecer un marco dentro del momento del cuento que ayude al niño a situarse. Poner una duración concreta, ayudando al niño a saber que leeremos un número de páginas determinado o de una hora a otra y establecer un criterio para elegir el cuento si son varios hermanos ayudará a los niños a entender que el cuento es otro juego más y, como tal, hay unas normas a respetar para poder jugar.cuento2

– El cuento: para potenciar la utilidad del cuento  para el bienestar y crecimiento del niño podemos seleccionar los cuentos en función del momento en el que se encuentre el niño. Identificarse con personajes que pasen por situaciones similares a las suyas hará que aprenda nuevos recursos para afrontar esas situaciones en su vida, además de hacerles sentir entendidos. Además puede ser una gran oportunidad para que los hijos expresen sus necesidades y preocupaciones, sintiéndose seguros en el marco de la lectura con un ser querido. Como padres, saber cuáles son los personajes del cuento que más le llaman la atención, así como el tipo de historias que prefiere escuchar nos permitirá conocer mucho más a nuestro pequeño. Amoldar las historias al momento del crecimiento en el que se encuentren los niños será una manera también de acompañar y legitimar su crecimiento, reconociendo su avance y amoldándonos a él.

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– Los modelos: los héroes de las historias se erigen de manera automática como modelos a seguir por los niños. Elegir los modelos que sigan nuestra filosofía educativa reforzarán los mensajes que queremos transmitirles desde la posición de padres, creando una armonía que favorecerá la claridad de sus esquemas mentales.

– Nuestras reacciones al cuento: los niños viven en un mundo lleno de estímulos que se les presentan nuevos de manera constante. Si bien algunos de ellos poseen una  configuración que el propio cuerpo interpreta de una manera determinada de forma independiente, en muchas otras ocasiones los niños obtienen los significados de los eventos y estímulos a través de cómo reaccionan sus mayores a ellos. Si nos fijamos en nuestros pequeños, ante este tipo de estímulos que no saben cómo categorizar ni como han de reaccionar ante ellos, suelen mirarnos y guiarse por nuestra expresión para realizar esa labor. Por ello, tenemos que tomar conciencia de que nuestra manera de contar el cuento y la manera en que reaccionemos a los eventos que en él sucedan serán tan protagonistas como los personajes que en él aparezcan.

Los cuentos son aprendizaje, intimidad, diversión, compartir…

¡Cuidemos ese ratito con nuestros pequeños y démosle el lugar que se merece!

Sara Ferro Martínez

Psicóloga infantojuvenil y familiar

 

 

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Método piel con piel

pcp2El método piel con piel o método canguro fue ideado en 1978 por Edgar Rey Sanabria, neonatólogo colombiano y profesor del Instituto Materno Infantil. Su trabajo se desarrollaba en un centro público con escasez de recursos en el que había un gran número de nacimientos de bebés prematuros debido a las condiciones vitales de sus usuarios (hambre, enfermedades, etc.). La demanda de incubadoras era tan alta que cada una era compartida por varios bebés, aumentando el número de infecciones y, con ello, la mortalidad infantil. Edgar Rey Sanabria propuso una nueva estrategia para el cuidado de los recién nacidos que consistía en iniciar una interacción inmediata entre la madre y el recién nacido, junto con un fuerte estímulo a la lactancia materna y una pronta alta hospitalaria para continuar con la estrategia ambulatoriamente. A este protocolo lo bautizó como método piel con piel, basado en el contacto adulto/bebé el mayor número de horas posibles al día, en una posición de “rana”, en la que el niño se posiciona boca abajo sobre el pecho del adulto que recogerá con una mano los talones juntos del bebé y transformará la otra mano en una manta sobre el cuerpo del pequeño. A esto se le suma el papel protagonista de la lactancia materna. Puede usarse un elástico que ayude a sostenerlo, de manera que se disminuya el esfuerzo de la madre o quien haga las veces de canguro y se evite la apnea obstructiva posicional. La posición canguro ideal debe ser:
– Continua: con el mínimo de interrupciones
– Prolongada: Idealmente 24 horas del día y no menos de 2 horas consecutivas.
– Duradera: tanto como el bebé lo necesite.

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Aunque en su inicio fuese concebido para bebés prematuros, cada vez son más los datos que apoyan esta práctica para todos los recién nacidos.
La posición canguro da calor al niño, establece y fortalece el vínculo afectivo entre el niño, la madre y/o el padre y protege al niño de agentes externos. La leche materna, y sobre todo el calostro (primera leche) fortalecen al niño y aportan agentes inmunitarios vitales para la supervivencia del bebé. De este modo se favorece un gran crecimiento del bebé en sus primeros días.
Al estar en contacto piel con piel con su madre o su padre el bebé regula mejor la temperatura corporal, regula mejor el estrés y se adapta mejor al medio y a los estímulos externos. También se ha comprobado que ayuda a los prematuros a tolerar mejor el dolor de las intervenciones médicas.
A nivel fisiológico, mejora el nivel de oxígeno, estabiliza la frecuencia respiratoria y cardíaca y coordina mejor la succión-deglución.
Para los padres además es una manera de favorecer la segregación de oxitocina, la hormona que estará relacionada con el amor y la conducta de cuidado del bebé, favoreciendo el apego.
Este método está reconocido y apoyado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y aunque hoy en día está instaurado en varios hospitales, de entre los que destaca el Hospital la Paz de Madrid, todavía quedan grandes avances que permitan la libertad de los padres a elegir cómo cuidar a sus pequeños recién nacidos.

 

Sara Ferro Martínez 

Psicóloga Infanto- juvenil y familiar

http://www.grupocrece.es


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El duelo en los niños

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La pérdida es una de las experiencias vitales que más dolor causa al ser humano. La sensación de angustia al sentir que algo amado ya no esta a nuestro alcance es algo que experimentamos desde nuestros primeros meses de vida, cuando no hemos adquirido la permanencia del objeto, capacidad que nos permite ser conscientes de que, aunque no estén a nuestra vista, las cosas pueden seguir existiendo.
El proceso de adaptación a la pérdida se conoce como duelo. Muchas veces nos referimos al duelo como el periodo emocional que sucede a la muerte de un ser querido. Pero el duelo no es una vivencia única y uniforme. En realidad, experimentamos tantos tipos de duelos como tipos de pérdidas hay en nuestra vida. Cada duelo es una experiencia diferente con uas manifestaciones, una intensidad y una duración particulares.
Los duelos acompañan a cualquier pérdida y, por tanto, están presentes a lo largo de nuestra historia. Y, sin embargo, aún hoy en día la sociedad tiene escasa conciencia de que los niños también pueden sufrir procesos de duelo. En general tendemos a pensar que los niños se olvidan pronto de las cosas, que no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor o que superan las adversidades con más facilidad. También es muy frecuente que intentemos protegerles del dolor ocultando las pérdidas o minimizándolas.

Lo cierto es que los niños perciben la pérdida y experimentan el sufrimiento que conlleva, aunque es posible que la expresión de su dolor sea diferente a la de los adultos:

– Los niños tienen más dificultad para diferenciar entre la tristeza y el enfado. Al ser esta última una emoción que conlleva conductas más llamativas, los niños suelen elegirla como medio de expresión de su malestar.
– A veces pueden experimentar conductas regresivas, como falta de control de los esfínteres o pérdida de habilidades adquiridas.
– También pueden aislarse si no comprenden su malestar y se ven incapaces de comunicarlo.
– Pueden jugar a juegos en los que la muerte, la pérdida de amigos o el tipo de pérdida que esté experimentando esté más presente de lo habitual.

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¿Cómo podemos ayudar a los niños a gestionar sus duelos?

– Ante todo, hay que hablarles claramente de la pérdida, explicarles lo ocurrido para evitar sentimientos de culpa.
– No hacer de la pérdida un tabú, compartir y escuchar, legitimar el derecho del niño a sentir.
– Comprender que hay sucesos de la infancia que pueden suponer un duelo para los niños: la pérdida de un muñeco importante para ellos, no ser aceptados en el cole, separarse de un amigo, que mamá o papá estén menos presentes porque han ampliado su horario de trabajo o el nacimiento de un hermano son sucesos que los niños pueden vivir con gran impacto emocional, aunque desde la perspectiva adulta puedan tener otro significado.
-Ayudarles a expresar sus sentimientos. Los dibujos son un medio por el que los niños expresan sus emociones, por lo que los cambios en el universo emocional de los pequeños se harán presentes en ellos.
– Erigirnos como base segura, accesible y de aceptación, permitiendo a la vez a los niños su espacio y su tiempo para transitar por su proceso de duelo.duelo2
– Proponer a los niños rituales que les ayuden a superar el duelo o a hacerlo menos doloroso: enviar un globo al cielo con un mensaje para la abuela o el abuelo, hacer una fiesta de despedida antes de cambiarles de colegio y que los amiguitos escriban en un libro mensajes de ánimo… Los rituales de despedida son de gran importancia en todo proceso de duelo.

 

En los niños, como en los adultos, la expresión de las emociones y de los pensamientos negativos, así como sentirse apoyados y queridos aun en sus momentos más bajos, son primordiales para elaborar un proceso de duelo que les permita superar la pérdida.

 

Sara Ferro

 

Psicóloga infanto-juvenil y familiar

 

Grupo Crece


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Un momento difícil: recoger a los niños de casa de los abuelos al final del día

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Cuando vamos a recoger a nuestros hijos a casa de los abuelos rozando casi el final del día, pueden confluir muchos factores que lo dificulten. Si los tenemos en cuenta podemos facilitar que la vuelta a casa sea lo más llevadera posible para todos.

Entender en qué circunstancias afectivas estarán los niños cuando vayamos a buscarles nos ayudará mucho. Pensemos que llevan unas cuantas horas con figuras que para ellos son sinónimo de complicidad, estabilidad y protección, sus abuelos. Salir de esta cotidiana dinámica emocional en la que se encuentran, a los niños les cuesta mucho. Cuanto más pequeños, más, lógicamente.

No se trata de un tema de competición en la calidad de los amores, es que para ellos salir de un entorno donde se sienten muy acogidos y atendidos, no es apetecible.

Además no tienen capacidad para predecir qué es lo siguiente que va a pasar. Nosotros somos la tarjeta de presentación de lo que queda de día. Si llegamos con nuestro estrés vital, con el cansancio acumulado, con el agobio de lo que todavía queda por hacer… es mucho más probable que los pequeños reaccionen con resistencia y que se enrabieten, no queriéndose ir y agarrándose desconsoladamente a sus abuelos.

Sentir que tus hijos te rechazan, después de estar todo el día sin ellos, es un momento muy duro de digerir.

¿Cómo nos podemos coordinar con los abuelos para endulzar la recogida?

  • Llamaremos a su casa cuando falten 20 minutos para nuestra llegada. Si son los pequeños los que responden al teléfono muchísimo mejor. Si son varios, cada día uno, por turnos. Les diremos que en ese tiempo establecido (veinte minutos) nos reencontraremos y que estamos deseando achucharles.
  • A partir de la llamada pediremos a los abuelos que bajen el nivel de activación de los pequeños. Que no se comience ninguna actividad muy apetecible ni movida. Tampoco deberes que habrá que dejar a medias ni ninguna serie de televisión que luego tengan que interrumpir de mala gana.
  • En este tiempo hasta que lleguen los padres los abuelos plantearán alguna rutina que les de señales a los niños de que en breve llegarán a recogerles. Hacerles un dibujo a los papás, ir recogiendo, irse poniendo los zapatos y el abrigo, escuchar alguna canción.
  • Si la climatología y la hora lo permiten estaría bien que os esperasen en la calle y así el contexto es más neutral y hay menos factores de comodidad y seguridad a los que aferrarse los niños.

Y ahora que ya estamos en casa, ¿qué?

  • Si están cansados: pedirles las cosas que tengan que hacer despacio, asegurándonos de que lo han entendido, ayudarles a realizarlas.
  • Si están tristes y nos verbalizan “que no nos quieren o que quiere más a los abuelos o que preferirían quedarse a vivir con los abuelos”. Tendremos que hacer de tripas corazón, y manejar este rechazo únicamente como un mensaje de “me encanta estar con mis abuelos y me duele que me separes de ellos, por eso te agredo con estas palabras”. Pero no debemos darle más profundidad ni carga emocional a estas palabras tan hirientes. Lo mejor que podemos hacer si no las queremos estar escuchando a diario como arma arrojadiza es respetar que lo sientan así y devolverles mucha protección y seguridad por nuestra parte, un mensaje de amor incondicional a pesar de lo dolidos que estemos. Puede ser algo parecido a: “Entiendo que estés triste por irte de casa de los abuelos y enfadado conmigo por sacarte. No tiene que ser fácil porque además tienes que estar muy cansado. Siento que no me quieras. Para mí tu eres la persona más especial del mundo”. Y si entran en bucle reprochándonos “pues tú para mí no”, nosotros intentar no llevárnoslo a un juicio personal veraz por su parte, y desde la técnica de disco rayado devolverle “yo a ti sí te quiero cariño y mucho”.
  • Si están enfadados, no entrar a las provocaciones. Respetar su estado de ánimo siendo firmes en los comportamientos que no nos parecen tolerables pero permitiendo que expresen como se sienten aunque sea muy amargo de escuchar para nosotros.

[Nota maliciosa: para poder llevar a cabo lo expuesto en este punto, nuestro objetivo primero deberá ser conectar emocionalmente con nuestros hijos para detectar y acompañar sus estados de ánimo. Y ya de paso, quizá podría plantearme ¿Y cómo estoy yo, puedo estar de otra manera, facilitaría eso algo?]

Además puede resultarnos de mucha utilidad…

  • Hacer una escucha activa y empática de su día. Demostrarles con hechos que tenemos dos orejas y sólo una boca por algo.
  • Contarles alguna anécdota divertida o curiosa de nuestro día.
  • Hablarles de algún plan apetecible que esté a la vista.
  • Comentar cómo os podéis organizar al llegar a casa para hacer las cosas de la mejor manera posible, por qué prefieren empezar, si quieren que les eches una mano con algo.
  • Poner en el coche incluso en casa alguna música que os guste a todos, en lugar de ir corriendo a por el mando de la tele (que nos hará entrar en disputa y ralentizarnos).
  • Terminar el día, “Cuidando el amor”: acompañándoles a la cama, besándoles y abrazándoles, expresándoles lo mucho que les echamos de menos por el día, haciendo un resumen de lo mejor de su día, leyendo juntos. Haya pasado lo que haya pasado durante el día. Os merecéis una tregua. Es un regalo para todos. Estaréis reforzando y nutriendo tremendamente vuestro vínculo entre padres e hijos.

Nayra Herrera Vaquero

Psicoterapeuta familiar

Grupo Crece


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La lactancia prolongada y destete

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Si eres una mamá que te sientes segura y realizada dando el pecho a tu hij@ (tenga la edad que tenga), a pesar de las incomodidades y limitaciones que esto te suponga en determinados momentos, ¡Enhorabuena!, disfruta intensamente de este momento único e irrepetible!.

Pero qué ocurre con aquellas mamás que están convencidas de que lo mejor para su hij@, según los principios de la Crianza Natural, es que sea este mismo quien elija el momento oportuno para su destete (normalmente a partir de los tres años, según esta corriente) y que empiezan a sentir que la lactancia está dejando de ser una experiencia grata y apetecible para convertirse en una actividad que le hace sentir incómoda e incluso violenta en ocasiones.

Estas mujeres se encuentran de repente ante un amargo cruce de necesidades contrapuestas. Por un lado, el finalizar la lactancia, escuchando señales de insatisfacción y hartazgo de su propio cuerpo y por otro, el sostener la creencia (que en el fondo es un mandato o exigencia enmascarado): “Tendría que/Debería seguir manteniendo la lactancia hasta que mi hij@ así lo decida ya que si no podría traumatizarle haciéndole sentir que no le quiero y dañando su capacidad de relacionarse en un futuro”.

Las emociones que acompañan a esta encrucijada, según ellas relatan, van desde un  desconcierto inicial, “creía que la lactancia iba a seguir siendo tan maravillosa hasta el final”; de decepción hacia sí mismas, “el final se suponía que tenía que ser cuando mi hij@ lo decidiera y se lo estoy imponiendo “; de rabia hacia el pequeñ@ porque está succionando una parte muy íntima e hipersensible de su cuerpo sin que haya una conexión entre lo que en ese momento ellas quieren y pueden ofrecer; de culpa, “cómo puedo sentir esta ira hacia mi hij@ si es lo más importante de mi vida, qué me está pasando, por qué esto ha cambiado repentinamente, no me gusta nada sentir este rechazo cada vez que se aproxima la hora de amamantar o cuando los labios de mi hij@ succionan el pezón”.

Traducido al lenguaje emocional, esta amalgama de sensaciones desagradables lo que viene a reflejar es que el equilibrio perfecto sostenido hasta ahora por ambas partes se ha desvanecido. En la mujer ha surgido una mayor necesidad de independencia corporal con respecto a su hij@. La satisfacción de esta necesidad conlleva el que la madre se permita la delegación de determinados tiempos y funciones relacionadas con la crianza en personas de su confianza, especialmente claro está, el padre. Esta figura masculina, será un nuevo e importante referente, que aportará aspectos nuevos que enriquecerán y reforzarán el vínculo madre-hijo, lejos de debilitarlo.

Es fundamental que la madre entienda que por plantearse y materializar el destete no compromete la relación de apego seguro con su hij@[2]. Que por supuesto no le rechaza. No deja de entender que su pequeñ@ está en un momento de máxima necesidad de afecto, protección y cuidados incondicionales. No ignora que el dejar de darle el pecho supondrá un pequeño duelo para él/ella pero le podrá explicar que se trata de un cambio, no de una pérdida.

Así, conectando madre e hijo con vuestras necesidades en el aquí y el ahora podréis seguir creciendo juntos sin limitaros ni empobreceros, toda la vida.

Naira Herrera Vaquero

Psicóloga y terapeuta familiar

Grupo Crece


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¿Autoridad y aprendizaje emocional pueden ir unidas?

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Alrededor de los dos años de edad, los niños atraviesan la Fase de Individuación. En este momento de su ciclo vital se empiezan a percibir como un ser independiente de su madre. Es entonces cuando comienzan los famosos y rotundos “¡No!” como respuesta a cualquier petición que les hagamos. Es su forma de blindar lo que ellos empiezan a saborear como “sus propios placeres”.

O dicho con otras palabras, empiezan a fastidiarles (y mucho):

  • Nuestros Noes: “No te puedes subir ahí”, “No grites”, “No pegues a tu hermana”
  • Sus Frustraciones cotidianas: “Que una galleta se rompa si ellos la querían entera”, “Que un hermano no les preste algún juguete”
  • Y, especialmente, las Normas: impuestas por una figura de autoridad que para ellos tiene siempre el objetivo malintencionado de fastidiar sus momentos de máximo bienestar “Tienes que lavarte los dientes antes de irte a dormir”, “Tienes que recoger los juguetes antes de la ducha”, “Nos vamos ya. No te lo voy a repetir”.

Esta faceta de la crianza, en la que les vamos marcando límites es tan necesaria como ingrata.

Pero para ellos tampoco es ningún camino de rosas. Socialmente tendemos a infravalorar el impacto y el sufrimiento interno que para un pequeño de dos años (y en adelante) suponen estas primeras experiencias.

Requerimos de ellos unas dotes de capacidad de análisis, sumisión, pensamiento estratégico y autocontrol que no se ajustan a sus capacidades reales por el nivel de desarrollo cognitivo-abstracto de su corteza cerebral.

¿Estoy diciendo con esto que no son capaces de hacer todo lo que les pedimos? ¡Porque cuando quieren bien que escuchan y lo hacen todo rapidito para obtener lo que les interesa!

No. Estoy diciendo que para ellos no es fácil. Nosotros somos los adultos y por tanto los responsables de facilitarles la tarea de familiarizarse e irse acomodando al cumplimiento de determinadas normas sociales.

¿Cómo podemos acompañar a nuestros hijos a transitar esta Fase de una forma más agradable y constructiva para todos?

  • Empaticemos con ellos. Atrévete a pensar por un momento cómo te manejas tú con las imposiciones sociales en tu vida diaria. No olvides que ellos te observan constantemente y que tú eres su referente.

¿Las aceptas sin más?, ¿Te enfureces excesivamente?, ¿Expresas lo que verdaderamente sientes?, ¿Te cohíbes y dejas que otros impongan el rumbo que debes seguir por miedo a decepcionarles?, ¿Explotas con quien menos se lo merece por no haber podido expresar lo que necesitabas ante una figura de autoridad?

En muchos momentos nos podemos reconocer respondiendo “Sí” a estas preguntas. No es fácil, se tenga la edad que se tenga, “acomodarse” a los requerimientos sociales. Y a lo mejor, en algunos, no es ni sano ni necesario (pero esto como diría Javier Krahe, es otra canción).

  • Empaticemos con nosotros mismos. En las situaciones donde tienes que acatar las decisiones de alguna figura de autoridad, qué prefieres:

¿Que la persona que te está marcando los límites te trate con comprensión, firmeza y ternura o con agresividad (verbal, física) y frialdad? ¿Qué haya cierto margen para la negociación y la expresión de tus emociones o que se te obligue a estar callado? ¿Qué te permitan e incluso reclamen una visión crítica o que te exijan sumisión y obediencia?

Reflexiona sobre ello un instante con calma. Y ahora piensa, ¿para tus hijos querrías algo parecido a lo que tú necesitas como adulto? ¿Y no será su infancia un buen momento para comenzar a transmitírselo?

Ahora bien, si hemos llegado a las conclusiones de que para ellos no es fácil aceptar y gestionar las imposiciones, que no da igual el cómo lo hagamos para obtener un resultado u otro y que su hemisferio derecho, ligado al mundo emocional y creativo está más desarrollado que el izquierdo…

Permitamos a nuestros hijos que se enfurezcan honestamente ante nuestros límites. Pero acompañémosles de una forma controlada “entiendo que te sientas así pero no puedo dejar que me pegues…”, respetuosa “no lo has hecho nada bien, yo se que mañana lo vas a intentar hacer mejor, porque ya te he visto otras veces superarte y se que eres capaz” y empática “tienes que estar enfadadísima por todo lo que ha pasado” “yo si fuera tú estaría tristísima por lo que te han dicho”, es mucho más probable que nuestros pequeños”.

Es la forma más sana y adaptativa de lograr que:

  • Disminuyan la cantidad y la intensidad de sus rabietas. Así como muchos comportamientos posteriores, que quizá no asociamos con la forma en que las hemos gestionado, pero que son su forma de decirnos que no se han sentido bien tratados y que quieren que probemos la misma medina.
  • Adquieran un mayor autocontrol y capacidad autocrítica. Porque no necesitan defenderse. Te pueden escuchar, entender (aunque no compartan tu opinión) e interiorizar tus mensajes. Esto es en el fondo lo que todos los padres pretendemos, porque qué es criar sino conseguir convencerles de nuestros mensajes.
  • Tengan un buen concepto de sí mismos. Porque no estarán escuchando constantemente frases denigrantes y sin mensaje educativo ninguno, como “eres sordo o tonto, quieres que te parta la cara, me estás vacilando, tú te has creído que yo soy imbécil, que te calles y punto, nos vamos porque eres malo y no me extraña que ningún niño quiera ser tu amigo…y muchas otras lindezas que pueden parecer más sutiles pero que no por ello les resultan a los pequeños menos amenazantes o hirientes.
  • Exijan un buen trato a los demás. Porque han aprendido la vivencia de sentirse ”bien tratados”. De ser seres dignos de ser escuchados, tratados con respeto y eso será lo que busquen y también lo que proporcionen en la interacción con los demás.

¿Te parece una buena herencia emocional? Entonces merece la pena intentarlo. Confía en ti. Es cuestión de convicción, práctica y lo más importante, MUCHO AMOR (y esto tus hijos ya lo obtienen de ti cada día).

Nayra Herrera Vaquero

Psicóloga infantojuvenil y familiar

Grupo Crece


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Algunos valores a potenciar en la educación de los niñ@s de hoy

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Esfuerzo  y constancia

95ed5-esfuerzoEstos valores están relacionados con la capacidad de demorar el refuerzo y marcarse metas u objetivos a largo plazo. Favorece la consecución de dichas metas y la realización personal.

Para inculcarlo en los niños es importante:

  • dar un modelo de dicho valor,
  • instaurar normas claras que favorezcan su cumplimiento,
  • promover responsabilidades y compromisos,
  • reforzar el esfuerzo, la perseverancia y no únicamente el resultado final (enseñar a posponer el refuerzo).
  • Motivar a continuar. Desarrollar auto-motivación y autocontrol.
  • Reforzar la auto-superación.
  • Favorecer el desarrollo de niños activos y con inquietudes.
  • Favorecer el desarrollo de la creatividad en la resolución de problemas.
  • Aplicar de consecuencias adecuadas contingentes a la conducta.

Responsabilidad

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Está asociada a la libertad. Somos responsables de una decisión si somos libres para haber tomado esa decisión. La responsabilidad no implica obligación. El compromiso no se asume por la fuerza.

Como fomentar este valor.

  • Evitar culpabilizar o responsabilizar injustamente.
  • Enseñarles a asumir las consecuencias de sus actos. Aplicar contingentemente las consecuencias a la conducta.
  • Enseñar la coherencia entre el decir y el hacer
  • Delegar en ellos aquello que puedan realizar solos o con algo de ayuda.
  • Diferenciar responsabilidad de culpabilidad.

Autocuidado

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Significa aprender a dar valor a uno mismo.

Algunas pautas son:

  • Evitar la transmisión de valores engañosos del tipo: “salud=delgadez”, “autocontrol=no expresar las emociones”.
  • Potenciar la autoestima.
  • Ser modelo de autocuidado.
  • Construir hábitos equilibrados y flexibles de alimentación, deporte, higiene, revisiones médicas, cuidado psicológico…
  • Enseñar a posponer el refuerzo y el valor de la constancia.
  • Enseñar a discriminar situaciones graves de las que no lo son.

Cooperación y diálogo

Significa tener un objetivo común y buscar soluciones compartidas para que todos puedan conseguirlo.

Algunas pautas para lograrlo:

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  • Dar modelo de cooperación en el entorno familiar.
  • Potenciar juegos cooperativos en lugar de reforzar sólo el ganar.
  • Potenciar que los niños aprendan en grupo.
  • Enseñar a empatizar.
  • Enseñar a negociar.
  • Enseñar a disfrutar con las conductas de ayuda y cooperación.
  • Argumentar las razones de las cosas con los hijos desde pequeños.
  • Dar modelo adecuado de escucha activa,  de empatía y de intercambio de opiniones.
  • Favorecer que los niños resuelvan los conflictos interpersonales con las palabras mediando lo justo en los conflictos.

 

 

Amistad y relaciones afectivas

Significa saber buscar, elegir adecuadamente y mantener relaciones duraderas y satisfactorias y disfrutar de las relaciones personales profundas.

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Cómo podemos enseñarlo a los niños:

  • Favorecer el contacto y la relación social. Dar modelo de ello.
  • Enseñar a conversar.
  • Enseñar a compartir.
  • Enseñar a confiar.
  • Enseñar a defender los derechos personales.
  • Enseñar a saber elegir.
  • Enseñar a perdonar…

 

Creatividad

Aporta una mayor flexibilidad ante los problemas y es un estímulo para la actividad, un antídoto contra el aburrimiento, aporta novedades y hace la vida más interesante.

Podemos:

creatividad
  • Favorecer la exploración y aportar un entorno rico en estimulación. Dejar al niño experimentar. Saber delegar.
  • Implantar límites flexibles.
  • Reforzar los intereses y aptitudes del niño y el interés por el conocimiento.
  • Incentivar la búsqueda de alternativas en la resolución de los problemas.

 

 

 

 

Conocimiento

Significa desear aprender, valorar la sabiduría y el conocimiento, tener curiosidad por el mundo que nos rodea y por las cosas que ocurren en él.

Lo podemos fomentar a través de:

conocimiento
  • Estimular las inquietudes, deseos, intereses personales; favorecer y reforzar la exploración.
  • Reforzar la conducta de atención y concentración y estimular un pensamiento reflexivo.
  • Fomentar el interés por la lectura.
  • Fomentar un hábito de trabajo.
  • Aportar estímulos novedosos, interesantes, variados, adaptados a las características del niño.

 

 

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece