Psicología y logopedia infantil. Grupo Crece

Creciendo juntos es un proyecto de Grupo Crece donde cuidar la crianza. Ofrecemos temas de interés relacionados con la psicología, la logopedia y la educación donde padres, madres y educadores puedan compartir sus inquietudes


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Un momento difícil: recoger a los niños de casa de los abuelos al final del día

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Cuando vamos a recoger a nuestros hijos a casa de los abuelos rozando casi el final del día, pueden confluir muchos factores que lo dificulten. Si los tenemos en cuenta podemos facilitar que la vuelta a casa sea lo más llevadera posible para todos.

Entender en qué circunstancias afectivas estarán los niños cuando vayamos a buscarles nos ayudará mucho. Pensemos que llevan unas cuantas horas con figuras que para ellos son sinónimo de complicidad, estabilidad y protección, sus abuelos. Salir de esta cotidiana dinámica emocional en la que se encuentran, a los niños les cuesta mucho. Cuanto más pequeños, más, lógicamente.

No se trata de un tema de competición en la calidad de los amores, es que para ellos salir de un entorno donde se sienten muy acogidos y atendidos, no es apetecible.

Además no tienen capacidad para predecir qué es lo siguiente que va a pasar. Nosotros somos la tarjeta de presentación de lo que queda de día. Si llegamos con nuestro estrés vital, con el cansancio acumulado, con el agobio de lo que todavía queda por hacer… es mucho más probable que los pequeños reaccionen con resistencia y que se enrabieten, no queriéndose ir y agarrándose desconsoladamente a sus abuelos.

Sentir que tus hijos te rechazan, después de estar todo el día sin ellos, es un momento muy duro de digerir.

¿Cómo nos podemos coordinar con los abuelos para endulzar la recogida?

  • Llamaremos a su casa cuando falten 20 minutos para nuestra llegada. Si son los pequeños los que responden al teléfono muchísimo mejor. Si son varios, cada día uno, por turnos. Les diremos que en ese tiempo establecido (veinte minutos) nos reencontraremos y que estamos deseando achucharles.
  • A partir de la llamada pediremos a los abuelos que bajen el nivel de activación de los pequeños. Que no se comience ninguna actividad muy apetecible ni movida. Tampoco deberes que habrá que dejar a medias ni ninguna serie de televisión que luego tengan que interrumpir de mala gana.
  • En este tiempo hasta que lleguen los padres los abuelos plantearán alguna rutina que les de señales a los niños de que en breve llegarán a recogerles. Hacerles un dibujo a los papás, ir recogiendo, irse poniendo los zapatos y el abrigo, escuchar alguna canción.
  • Si la climatología y la hora lo permiten estaría bien que os esperasen en la calle y así el contexto es más neutral y hay menos factores de comodidad y seguridad a los que aferrarse los niños.

Y ahora que ya estamos en casa, ¿qué?

  • Si están cansados: pedirles las cosas que tengan que hacer despacio, asegurándonos de que lo han entendido, ayudarles a realizarlas.
  • Si están tristes y nos verbalizan “que no nos quieren o que quiere más a los abuelos o que preferirían quedarse a vivir con los abuelos”. Tendremos que hacer de tripas corazón, y manejar este rechazo únicamente como un mensaje de “me encanta estar con mis abuelos y me duele que me separes de ellos, por eso te agredo con estas palabras”. Pero no debemos darle más profundidad ni carga emocional a estas palabras tan hirientes. Lo mejor que podemos hacer si no las queremos estar escuchando a diario como arma arrojadiza es respetar que lo sientan así y devolverles mucha protección y seguridad por nuestra parte, un mensaje de amor incondicional a pesar de lo dolidos que estemos. Puede ser algo parecido a: “Entiendo que estés triste por irte de casa de los abuelos y enfadado conmigo por sacarte. No tiene que ser fácil porque además tienes que estar muy cansado. Siento que no me quieras. Para mí tu eres la persona más especial del mundo”. Y si entran en bucle reprochándonos “pues tú para mí no”, nosotros intentar no llevárnoslo a un juicio personal veraz por su parte, y desde la técnica de disco rayado devolverle “yo a ti sí te quiero cariño y mucho”.
  • Si están enfadados, no entrar a las provocaciones. Respetar su estado de ánimo siendo firmes en los comportamientos que no nos parecen tolerables pero permitiendo que expresen como se sienten aunque sea muy amargo de escuchar para nosotros.

[Nota maliciosa: para poder llevar a cabo lo expuesto en este punto, nuestro objetivo primero deberá ser conectar emocionalmente con nuestros hijos para detectar y acompañar sus estados de ánimo. Y ya de paso, quizá podría plantearme ¿Y cómo estoy yo, puedo estar de otra manera, facilitaría eso algo?]

Además puede resultarnos de mucha utilidad…

  • Hacer una escucha activa y empática de su día. Demostrarles con hechos que tenemos dos orejas y sólo una boca por algo.
  • Contarles alguna anécdota divertida o curiosa de nuestro día.
  • Hablarles de algún plan apetecible que esté a la vista.
  • Comentar cómo os podéis organizar al llegar a casa para hacer las cosas de la mejor manera posible, por qué prefieren empezar, si quieren que les eches una mano con algo.
  • Poner en el coche incluso en casa alguna música que os guste a todos, en lugar de ir corriendo a por el mando de la tele (que nos hará entrar en disputa y ralentizarnos).
  • Terminar el día, “Cuidando el amor”: acompañándoles a la cama, besándoles y abrazándoles, expresándoles lo mucho que les echamos de menos por el día, haciendo un resumen de lo mejor de su día, leyendo juntos. Haya pasado lo que haya pasado durante el día. Os merecéis una tregua. Es un regalo para todos. Estaréis reforzando y nutriendo tremendamente vuestro vínculo entre padres e hijos.

Nayra Herrera Vaquero

Psicoterapeuta familiar

Grupo Crece

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La lactancia prolongada y destete

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Si eres una mamá que te sientes segura y realizada dando el pecho a tu hij@ (tenga la edad que tenga), a pesar de las incomodidades y limitaciones que esto te suponga en determinados momentos, ¡Enhorabuena!, disfruta intensamente de este momento único e irrepetible!.

Pero qué ocurre con aquellas mamás que están convencidas de que lo mejor para su hij@, según los principios de la Crianza Natural, es que sea este mismo quien elija el momento oportuno para su destete (normalmente a partir de los tres años, según esta corriente) y que empiezan a sentir que la lactancia está dejando de ser una experiencia grata y apetecible para convertirse en una actividad que le hace sentir incómoda e incluso violenta en ocasiones.

Estas mujeres se encuentran de repente ante un amargo cruce de necesidades contrapuestas. Por un lado, el finalizar la lactancia, escuchando señales de insatisfacción y hartazgo de su propio cuerpo y por otro, el sostener la creencia (que en el fondo es un mandato o exigencia enmascarado): “Tendría que/Debería seguir manteniendo la lactancia hasta que mi hij@ así lo decida ya que si no podría traumatizarle haciéndole sentir que no le quiero y dañando su capacidad de relacionarse en un futuro”.

Las emociones que acompañan a esta encrucijada, según ellas relatan, van desde un  desconcierto inicial, “creía que la lactancia iba a seguir siendo tan maravillosa hasta el final”; de decepción hacia sí mismas, “el final se suponía que tenía que ser cuando mi hij@ lo decidiera y se lo estoy imponiendo “; de rabia hacia el pequeñ@ porque está succionando una parte muy íntima e hipersensible de su cuerpo sin que haya una conexión entre lo que en ese momento ellas quieren y pueden ofrecer; de culpa, “cómo puedo sentir esta ira hacia mi hij@ si es lo más importante de mi vida, qué me está pasando, por qué esto ha cambiado repentinamente, no me gusta nada sentir este rechazo cada vez que se aproxima la hora de amamantar o cuando los labios de mi hij@ succionan el pezón”.

Traducido al lenguaje emocional, esta amalgama de sensaciones desagradables lo que viene a reflejar es que el equilibrio perfecto sostenido hasta ahora por ambas partes se ha desvanecido. En la mujer ha surgido una mayor necesidad de independencia corporal con respecto a su hij@. La satisfacción de esta necesidad conlleva el que la madre se permita la delegación de determinados tiempos y funciones relacionadas con la crianza en personas de su confianza, especialmente claro está, el padre. Esta figura masculina, será un nuevo e importante referente, que aportará aspectos nuevos que enriquecerán y reforzarán el vínculo madre-hijo, lejos de debilitarlo.

Es fundamental que la madre entienda que por plantearse y materializar el destete no compromete la relación de apego seguro con su hij@[2]. Que por supuesto no le rechaza. No deja de entender que su pequeñ@ está en un momento de máxima necesidad de afecto, protección y cuidados incondicionales. No ignora que el dejar de darle el pecho supondrá un pequeño duelo para él/ella pero le podrá explicar que se trata de un cambio, no de una pérdida.

Así, conectando madre e hijo con vuestras necesidades en el aquí y el ahora podréis seguir creciendo juntos sin limitaros ni empobreceros, toda la vida.

Naira Herrera Vaquero

Psicóloga y terapeuta familiar

Grupo Crece


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¿Autoridad y aprendizaje emocional pueden ir unidas?

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Alrededor de los dos años de edad, los niños atraviesan la Fase de Individuación. En este momento de su ciclo vital se empiezan a percibir como un ser independiente de su madre. Es entonces cuando comienzan los famosos y rotundos “¡No!” como respuesta a cualquier petición que les hagamos. Es su forma de blindar lo que ellos empiezan a saborear como “sus propios placeres”.

O dicho con otras palabras, empiezan a fastidiarles (y mucho):

  • Nuestros Noes: “No te puedes subir ahí”, “No grites”, “No pegues a tu hermana”
  • Sus Frustraciones cotidianas: “Que una galleta se rompa si ellos la querían entera”, “Que un hermano no les preste algún juguete”
  • Y, especialmente, las Normas: impuestas por una figura de autoridad que para ellos tiene siempre el objetivo malintencionado de fastidiar sus momentos de máximo bienestar “Tienes que lavarte los dientes antes de irte a dormir”, “Tienes que recoger los juguetes antes de la ducha”, “Nos vamos ya. No te lo voy a repetir”.

Esta faceta de la crianza, en la que les vamos marcando límites es tan necesaria como ingrata.

Pero para ellos tampoco es ningún camino de rosas. Socialmente tendemos a infravalorar el impacto y el sufrimiento interno que para un pequeño de dos años (y en adelante) suponen estas primeras experiencias.

Requerimos de ellos unas dotes de capacidad de análisis, sumisión, pensamiento estratégico y autocontrol que no se ajustan a sus capacidades reales por el nivel de desarrollo cognitivo-abstracto de su corteza cerebral.

¿Estoy diciendo con esto que no son capaces de hacer todo lo que les pedimos? ¡Porque cuando quieren bien que escuchan y lo hacen todo rapidito para obtener lo que les interesa!

No. Estoy diciendo que para ellos no es fácil. Nosotros somos los adultos y por tanto los responsables de facilitarles la tarea de familiarizarse e irse acomodando al cumplimiento de determinadas normas sociales.

¿Cómo podemos acompañar a nuestros hijos a transitar esta Fase de una forma más agradable y constructiva para todos?

  • Empaticemos con ellos. Atrévete a pensar por un momento cómo te manejas tú con las imposiciones sociales en tu vida diaria. No olvides que ellos te observan constantemente y que tú eres su referente.

¿Las aceptas sin más?, ¿Te enfureces excesivamente?, ¿Expresas lo que verdaderamente sientes?, ¿Te cohíbes y dejas que otros impongan el rumbo que debes seguir por miedo a decepcionarles?, ¿Explotas con quien menos se lo merece por no haber podido expresar lo que necesitabas ante una figura de autoridad?

En muchos momentos nos podemos reconocer respondiendo “Sí” a estas preguntas. No es fácil, se tenga la edad que se tenga, “acomodarse” a los requerimientos sociales. Y a lo mejor, en algunos, no es ni sano ni necesario (pero esto como diría Javier Krahe, es otra canción).

  • Empaticemos con nosotros mismos. En las situaciones donde tienes que acatar las decisiones de alguna figura de autoridad, qué prefieres:

¿Que la persona que te está marcando los límites te trate con comprensión, firmeza y ternura o con agresividad (verbal, física) y frialdad? ¿Qué haya cierto margen para la negociación y la expresión de tus emociones o que se te obligue a estar callado? ¿Qué te permitan e incluso reclamen una visión crítica o que te exijan sumisión y obediencia?

Reflexiona sobre ello un instante con calma. Y ahora piensa, ¿para tus hijos querrías algo parecido a lo que tú necesitas como adulto? ¿Y no será su infancia un buen momento para comenzar a transmitírselo?

Ahora bien, si hemos llegado a las conclusiones de que para ellos no es fácil aceptar y gestionar las imposiciones, que no da igual el cómo lo hagamos para obtener un resultado u otro y que su hemisferio derecho, ligado al mundo emocional y creativo está más desarrollado que el izquierdo…

Permitamos a nuestros hijos que se enfurezcan honestamente ante nuestros límites. Pero acompañémosles de una forma controlada “entiendo que te sientas así pero no puedo dejar que me pegues…”, respetuosa “no lo has hecho nada bien, yo se que mañana lo vas a intentar hacer mejor, porque ya te he visto otras veces superarte y se que eres capaz” y empática “tienes que estar enfadadísima por todo lo que ha pasado” “yo si fuera tú estaría tristísima por lo que te han dicho”, es mucho más probable que nuestros pequeños”.

Es la forma más sana y adaptativa de lograr que:

  • Disminuyan la cantidad y la intensidad de sus rabietas. Así como muchos comportamientos posteriores, que quizá no asociamos con la forma en que las hemos gestionado, pero que son su forma de decirnos que no se han sentido bien tratados y que quieren que probemos la misma medina.
  • Adquieran un mayor autocontrol y capacidad autocrítica. Porque no necesitan defenderse. Te pueden escuchar, entender (aunque no compartan tu opinión) e interiorizar tus mensajes. Esto es en el fondo lo que todos los padres pretendemos, porque qué es criar sino conseguir convencerles de nuestros mensajes.
  • Tengan un buen concepto de sí mismos. Porque no estarán escuchando constantemente frases denigrantes y sin mensaje educativo ninguno, como “eres sordo o tonto, quieres que te parta la cara, me estás vacilando, tú te has creído que yo soy imbécil, que te calles y punto, nos vamos porque eres malo y no me extraña que ningún niño quiera ser tu amigo…y muchas otras lindezas que pueden parecer más sutiles pero que no por ello les resultan a los pequeños menos amenazantes o hirientes.
  • Exijan un buen trato a los demás. Porque han aprendido la vivencia de sentirse ”bien tratados”. De ser seres dignos de ser escuchados, tratados con respeto y eso será lo que busquen y también lo que proporcionen en la interacción con los demás.

¿Te parece una buena herencia emocional? Entonces merece la pena intentarlo. Confía en ti. Es cuestión de convicción, práctica y lo más importante, MUCHO AMOR (y esto tus hijos ya lo obtienen de ti cada día).

Nayra Herrera Vaquero

Psicóloga infantojuvenil y familiar

Grupo Crece


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Cómo ayudar a los hijos adolescentes a mejorar su autoimagen

e07d1-1410776272311Durante la adolescencia se sufren una infinidad de cambios, pero probablemente, los más drásticos son los cambios físicos. Una mala adaptación a estos cambios físicos y por lo tanto, la falta de aceptación de los mismos, pueden hacer estragos en la auto-estima de un adolescente.

 Forjar una imagen corporal positiva y saludable es una tarea muy importante para el adolescente, puesto que repercutirá tanto en su auto-estima como en la confianza que tendrá en sí mismo. Aunque la imagen corporal es cambiante y sensible a los estados de ánimo y su ambiente físico, también se forma a partir de las experiencias que el adolescente tiene y de la gente a su alrededor –padres de familia, modelos a seguir, los medios de comunicación, y sus compañeros, quienes le dan una idea de qué es valorar su cuerpo.

Es aquí donde entra el papel de los padres para fortalecer la imagen corporal de sus hijos. Y esto puede hacerse de diversas maneras, poniendo atención a detalles como la forma en que se elogia al hijo(a) adolescente, el tipo de amistades que los padres frecuentan y fomentan en los hijos, el tipo de comida que se les ofrece, el tipo de publicidad a la que el hijo(a) está expuesto, etc.

Cualquiera que ponga atención a la publicidad dirigida a los adolescentes en la televisión y las revistas puede notar cómo se fomenta la imagen de las modelos demasiado delgadas, cuerpos musculosos en los hombres… que no sólo no representan a la mujer y al hombre promedio, sino que además, fomentan una imagen corporal muy lejos de ser saludable.

La apariencia física es uno de los primeros atributos con el que los niños se describen a sí mismos y a los demás, mientras que la imagen corporal es uno de los primeros aspectos por el cual los niños perciben una parte de su autoconcepto (cómo los niños creen que son).

En los últimos años se ha constatado un incremento de los casos de insatisfacción o preocupación corporal excesiva en edades cada vez más tempranas. En general, los resultados hallados indican que las mismas variables asociadas a la preocupación por la imagen corporal y a los problemas de alimentación en adolescentes y adultos jóvenes, aparecen también asociadas en niños preadolescentes de entre 8 y 12 años con problemas alimentarios y de imagen o insatisfacción corporal.

La evidencia científica constata que los niños, y especialmente las niñas, aprenden de sus familias, a través de los medios de comunicación y en la escuela con sus compañeros, los valores sobre la apariencia y la importancia de ésta en la sociedad.

Entre los factores que parecen incidir más en el origen y desarrollo de la preocupación por la propia imagen y por la alimentación en niños y niñas destacan:

  1. Las burlas por parte de otros niños (en ocasiones motivo de acoso escolar)
  2. La interacción e intercambio de opiniones e información de los niños y niñas con sus semejantessobre temas de peso, dietas y alimentación, y
  3. La influencia del entorno familiar, sobre todo en aquellas áreas que adquieren importancia durante el periodo de desarrollo preadolescente, cómo son la imagen corporal, objetivos, vocaciones y actitudes sexuales.

A continuación se ofrecen algunos consejos que los padres pueden seguir para ayudar a su hijo(a) adolescente a desarrollar una imagen corporal positiva.

Los medios de comunicación y la imagen corporal en los adolescentes

El adolescente promedio está expuesto diariamente a multitud de anuncios de este tipo en revistas, internet y televisión, donde recibe demasiadas veces un mensaje equivocado acerca de la imagen corporal (“éxito social y profesional”, “ligar”, “marcas”, “alimentación hipocalórica”, etc.). Es aquí donde los padres pueden minimizar el impacto de los medios de comunicación y fortalecer la imagen corporal de su hijo:

  • Limitando la exposición del hijo a este tipo de publicidad
  • Explicándole cómo las fotos son muchas veces alteradas, retocadas y mejoradas, que muestran la imagen corporal en formas poco objetivas en la vida real. La mayoría de la gente no se corresponde con ese tipo de imágenes.
  • Hablando con él de los riesgos para la salud que involucra estar tan delgado y de las ventajas de tener un cuerpo saludable
  • Revisando qué nos venden a través de los medios de comunicación y qué de esto estamos promocionando en casa (auto reflexión)

Consejos para ayudar al hijo adolescente a desarrollar una imagen corporal positiva

  • Desarrollar unas buenas habilidades de comunicación con el hijo: ADECUADO MANEJO DEL LENGUAJE VERBAL Y NO VERBAL acerca de la imagen corporal y la autoestima.
  • No esperar hasta que los hijos le hagan preguntas: conocer y practicar los mensajes que se deseen compartir. Buscar las oportunidades para enseñar, que le permitan fácilmente ayudarles a adoptar las características y cualidades que los hacen únicos.
  • Tratar de entender el punto de vista de los hijos: partir de lo que sienten, de sus opiniones, gustos e intereses.
  • Evitar hablar negativamente acerca de la comida, el peso, acerca de qué tan “bien” se ve alguien sólo porque está delgado(a), etc.
  • Centrarse en cosas que no tengan nada que ver con su apariencia física: sus logros, talentos, habilidades, potencialidades personales, otras cualidades, etc. Reforzarlo.
  • Es importante tener una actitud congruente en todo momento. Los hijos imitan las creencias y prejuicios de los padres. Es por eso que los padres deben estar pendientes de lo que dicen y cómo reaccionan ante su propia forma y tamaño corporal y la de los demás (evitar mensajes contradictorios).
  • Preparar comida interesante y novedosa. Encontrar recetas saludables y divertidas que el hijo podrá disfrutar preparar y  permitirle invitar a sus amigos a “jugar” en la cocina.
  • Reforzar e incitar cualquier actividad saludable para su cuerpo: deportes, comer sano, bailar, andar, practicar relajación, etc.
  • Felicitar su apariencia cuando se vea bien, darle elogios inesperados.
  • Comenzar a hablar con los hijos cuando son pequeños les ayudará a cimentar las bases para desarrollar una imagen corporal y autoestima positivas. Nunca es demasiado tarde para comenzar.
  • Comentarle que cada persona es única, que cada cuerpo es especial y que hay conductas relacionadas con la imagen corporal que son sanas y otras que no lo son.
  • Los padres han de revisar sus sentimientos sobre su propio cuerpo y pensar en los mensajes que ha aprendido a lo largo de su vida.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga educativa

Grupo Crece


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Algunos valores a potenciar en la educación de los niñ@s de hoy

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Esfuerzo  y constancia

95ed5-esfuerzoEstos valores están relacionados con la capacidad de demorar el refuerzo y marcarse metas u objetivos a largo plazo. Favorece la consecución de dichas metas y la realización personal.

Para inculcarlo en los niños es importante:

  • dar un modelo de dicho valor,
  • instaurar normas claras que favorezcan su cumplimiento,
  • promover responsabilidades y compromisos,
  • reforzar el esfuerzo, la perseverancia y no únicamente el resultado final (enseñar a posponer el refuerzo).
  • Motivar a continuar. Desarrollar auto-motivación y autocontrol.
  • Reforzar la auto-superación.
  • Favorecer el desarrollo de niños activos y con inquietudes.
  • Favorecer el desarrollo de la creatividad en la resolución de problemas.
  • Aplicar de consecuencias adecuadas contingentes a la conducta.

Responsabilidad

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Está asociada a la libertad. Somos responsables de una decisión si somos libres para haber tomado esa decisión. La responsabilidad no implica obligación. El compromiso no se asume por la fuerza.

Como fomentar este valor.

  • Evitar culpabilizar o responsabilizar injustamente.
  • Enseñarles a asumir las consecuencias de sus actos. Aplicar contingentemente las consecuencias a la conducta.
  • Enseñar la coherencia entre el decir y el hacer
  • Delegar en ellos aquello que puedan realizar solos o con algo de ayuda.
  • Diferenciar responsabilidad de culpabilidad.

Autocuidado

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Significa aprender a dar valor a uno mismo.

Algunas pautas son:

  • Evitar la transmisión de valores engañosos del tipo: “salud=delgadez”, “autocontrol=no expresar las emociones”.
  • Potenciar la autoestima.
  • Ser modelo de autocuidado.
  • Construir hábitos equilibrados y flexibles de alimentación, deporte, higiene, revisiones médicas, cuidado psicológico…
  • Enseñar a posponer el refuerzo y el valor de la constancia.
  • Enseñar a discriminar situaciones graves de las que no lo son.

Cooperación y diálogo

Significa tener un objetivo común y buscar soluciones compartidas para que todos puedan conseguirlo.

Algunas pautas para lograrlo:

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  • Dar modelo de cooperación en el entorno familiar.
  • Potenciar juegos cooperativos en lugar de reforzar sólo el ganar.
  • Potenciar que los niños aprendan en grupo.
  • Enseñar a empatizar.
  • Enseñar a negociar.
  • Enseñar a disfrutar con las conductas de ayuda y cooperación.
  • Argumentar las razones de las cosas con los hijos desde pequeños.
  • Dar modelo adecuado de escucha activa,  de empatía y de intercambio de opiniones.
  • Favorecer que los niños resuelvan los conflictos interpersonales con las palabras mediando lo justo en los conflictos.

 

 

Amistad y relaciones afectivas

Significa saber buscar, elegir adecuadamente y mantener relaciones duraderas y satisfactorias y disfrutar de las relaciones personales profundas.

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Cómo podemos enseñarlo a los niños:

  • Favorecer el contacto y la relación social. Dar modelo de ello.
  • Enseñar a conversar.
  • Enseñar a compartir.
  • Enseñar a confiar.
  • Enseñar a defender los derechos personales.
  • Enseñar a saber elegir.
  • Enseñar a perdonar…

 

Creatividad

Aporta una mayor flexibilidad ante los problemas y es un estímulo para la actividad, un antídoto contra el aburrimiento, aporta novedades y hace la vida más interesante.

Podemos:

creatividad
  • Favorecer la exploración y aportar un entorno rico en estimulación. Dejar al niño experimentar. Saber delegar.
  • Implantar límites flexibles.
  • Reforzar los intereses y aptitudes del niño y el interés por el conocimiento.
  • Incentivar la búsqueda de alternativas en la resolución de los problemas.

 

 

 

 

Conocimiento

Significa desear aprender, valorar la sabiduría y el conocimiento, tener curiosidad por el mundo que nos rodea y por las cosas que ocurren en él.

Lo podemos fomentar a través de:

conocimiento
  • Estimular las inquietudes, deseos, intereses personales; favorecer y reforzar la exploración.
  • Reforzar la conducta de atención y concentración y estimular un pensamiento reflexivo.
  • Fomentar el interés por la lectura.
  • Fomentar un hábito de trabajo.
  • Aportar estímulos novedosos, interesantes, variados, adaptados a las características del niño.

 

 

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece


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Beneficios de las actividades al aire libre en el desarrollo psicosocial de los niñ@s

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Muchos padres se quejan de que sus hijos consumen mucho tiempo delante del ordenador, la tele y los videojuegos. Estas actividades, aunque sean sus preferidas, limitan en gran medida sus experiencias de aprendizaje.

En este tipo de actividades el niño suele ser un receptor pasivo de los estímulos que provienen de los medios audiovisuales por lo que experimenta un repertorio limitado de respuestas emocionales e intelectuales. La mayoría de los juegos y programas hacen que el niño no interactúe con otras personas realizando estas actividades en solitario, además, ve menguadas las posibilidades de crear o imaginar porque todo le viene dado, está hecho. Uno de los aspectos más significativos es que accede a valores, en ocasiones, contradictorios con  respecto a aquellos que queremos que aprenda.

Esto no significa que debamos limitar al cien por cien el acceso a estas diversiones, sino que tenemos que generar alternativas que sean más educativas y enriquecedoras. Una opción estupenda para nuestros hijos son las actividades al aire libre.

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Aquellas actividades lúdicas que se realizan en el medio natural (juegos de equipo, deportes, excursiones…) suponen para niños y jóvenes el desarrollo de un conjunto de competencias necesarias para su desarrollo psicosocial.

Por un lado, este tipo de actividades requieren de la interacción con otras personas. El niño o el adolescente se desarrolla adecuadamente en la relación con los otros, aprende a regular sus emociones, a relacionarse, a conversar, a resolver conflictos, a crear lazos afectivos, a conocer las reglas del funcionamiento de la sociedad, a fijar lazos familiares…

Las actividades al aire libre proporcionan una riquísima variedad de experiencias sensoriales y emocionales. Generalmente, se activan los cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. El ambiente de las ciudades y las rutinas diarias nos alejan de experiencias sensoriales variadas y estimulantes para el desarrollo de nuestras sensibilidades que proporcionan bienestar y relajación.

El contacto con la naturaleza facilita que desconectemos de los problemas, que nuestra percepción esté en la estimulación externa y no estemos tan pendientes de nuestras preocupaciones. Vivimos en el mundo de la prisa y tomar contacto con el medio natural y con las sensaciones que éste ofrece, como la brisa en la cara, el olor de las flores, bonito paisaje…, nos hace conectar con el aquí y ahora. Pararnos a disfrutar de estas emociones básicas nos ayuda a relajarnos.

Las experiencias educativas al aire libre favorecen la creatividad

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La cantidad de experiencias emocionales que tengan nuestros hijos les aportarán una guía de conocimientos sobre sí mismos y más herramientas para el autocontrol. Debemos hacer hincapié en que la experimentación de emociones positivas y relajantes abre la puerta del aprendizaje y previene el aburrimiento o la apatía.

Por otro lado, permiten la exploración de las propias competencias y limitaciones, y posibilitan la adquisición de destrezas. La actividad física es muy importante de cara al equilibrio de nuestro organismo, descarga las tensiones, proporciona mayor control de uno mismo y provoca sensaciones de euforia y felicidad. Las experiencias educativas al aire libre favorecen la creatividad y la búsqueda de soluciones a los problemas o contratiempos.

Finalmente, abren la puerta a la educación de valores muy importantes desde el contacto directo con esa realidad y desde el disfrute: el cuidado de la naturaleza y del planeta, saber compartir, saber ganar y perder, respetar y amar a los animales, disfrutar de la interacción con los demás, la cooperación…

Todos estos elementos combinados hacen de las experiencias al aire libre una opción educativa inigualable. Existen múltiples opciones de ocio al aire libre. A la hora de buscar o seleccionar alguna opción, es importante, adaptarse a los intereses y capacidades de nuestros hijos y potenciar su realización en familia o con niños de su misma edad.

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece


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Inteligencia emocional para niños y adolescentes: habilidades para la vida

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El desarrollo de herramientas de comunicación interpersonal, autocontrol emocional, autoconocimiento, asertividad, gestión del tiempo, entre otras, es esencial a la hora de desenvolverse en la vida. Estas herramientas pueden adquirirse con el adecuado entrenamiento.

En el mundo empresarial, el entrenamiento en estas competencias se muestra como aquello que marca la diferencia para acceder a determinados puestos de trabajo. De hecho, son herramientas imprescindibles para casi cualquier puesto.

Dichas herramientas, que se engloban en lo que denominamos Inteligencia Emocional, no sólo abren las puertas en el terreno profesional, sino que nos facilitan las relaciones interpersonales, mejoran nuestra autoestima y nos ayudan para la consecución de nuestros objetivos vitales, nos acercan a ser un poco más felices.

Por ello, están cobrando cada vez más importancia en el ámbito educativo. En algunos programas de centros públicos, concertados y privados, se están incluyendo charlas, actividades extraescolares o proyectos de intervención para incidir en los aspectos socio-emocionales de niños y adolescentes. Estas intervenciones desgraciadamente no están lo suficientemente extendidas.

A lo largo del desarrollo de los niños y en la adolescencia, se está fraguando la personalidad y la base de las capacidades básicas a nivel de gestión y manejo de las emociones y desarrollo de las habilidades sociales. Es por tanto, un momento importante para trabajar la Inteligencia Emocional. Comunicarse asertivamente, controlar las emociones y expresarlas adecuadamente, vencer el miedo a hablar en público, gestionar su tiempo y desarrollar autodisciplina y automotivación, aprender a relacionarse con iguales y mayores, conocerse y aprender a tomar decisiones adecuadas en relación a su edad…, son habilidades importantes en la vida de los niños a cualquier edad.

Para que estas intervenciones sean efectivas deben prolongarse en el tiempo (no pueden ser meras intervenciones puntuales), tener un carácter lúdico y participativo y ser eminentemente prácticas, adaptadas a las diferentes edades y las distintas realidades de los menores. Una sesión de entrenamiento en habilidades es básicamente vivencial, donde a través de juegos, dinámicas de grupo, dinámicas de expresión, dramatizaciones, y ejercicios muy prácticos, se enseñan y practican las diferentes habilidades. Las sesiones se desarrollan, habitualmente, en formato grupal aunque también, se pueden enseñar algunas herramientas de manera individualizada. Se recomienda para niños de todas las edades aunque el entrenamiento será muy diferente según el rango de edad.

Además de ser en sí mismas provechosas para potenciar los recursos personales de los menores y solventar limitaciones u obstáculos, estás intervenciones, se han demostrado eficaces para prevenir conductas de riesgo como drogodependencias, trastornos de la alimentación, víctimas o agresores en procesos de bullying, etc. Además, se asocia con un mejor rendimiento escolar y menor propensión a padecer trastornos como ansiedad o depresión.

Hay diversas maneras de acceder a estos programas. Los ayuntamientos o comunidades autónomas los contemplan, a veces, dentro de los proyectos de algunos centros, se solicitan a través del AMPA de los colegios o la propia junta directiva del centro son quienes los organizan. Hay cierta oferta en centros de psicología o psicopedagogía, como Crece.

Los propios padres y educadores pueden enseñar a sus hijos o alumnos con la formación y entrenamiento adecuados en estas valiosas herramientas para la vida.

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece