Psicología y logopedia infantil. Grupo Crece

Creciendo juntos es un proyecto de Grupo Crece donde cuidar la crianza. Ofrecemos temas de interés relacionados con la psicología, la logopedia y la educación donde padres, madres y educadores puedan compartir sus inquietudes


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Un momento difícil: recoger a los niños de casa de los abuelos al final del día

abuelos

Cuando vamos a recoger a nuestros hijos a casa de los abuelos rozando casi el final del día, pueden confluir muchos factores que lo dificulten. Si los tenemos en cuenta podemos facilitar que la vuelta a casa sea lo más llevadera posible para todos.

Entender en qué circunstancias afectivas estarán los niños cuando vayamos a buscarles nos ayudará mucho. Pensemos que llevan unas cuantas horas con figuras que para ellos son sinónimo de complicidad, estabilidad y protección, sus abuelos. Salir de esta cotidiana dinámica emocional en la que se encuentran, a los niños les cuesta mucho. Cuanto más pequeños, más, lógicamente.

No se trata de un tema de competición en la calidad de los amores, es que para ellos salir de un entorno donde se sienten muy acogidos y atendidos, no es apetecible.

Además no tienen capacidad para predecir qué es lo siguiente que va a pasar. Nosotros somos la tarjeta de presentación de lo que queda de día. Si llegamos con nuestro estrés vital, con el cansancio acumulado, con el agobio de lo que todavía queda por hacer… es mucho más probable que los pequeños reaccionen con resistencia y que se enrabieten, no queriéndose ir y agarrándose desconsoladamente a sus abuelos.

Sentir que tus hijos te rechazan, después de estar todo el día sin ellos, es un momento muy duro de digerir.

¿Cómo nos podemos coordinar con los abuelos para endulzar la recogida?

  • Llamaremos a su casa cuando falten 20 minutos para nuestra llegada. Si son los pequeños los que responden al teléfono muchísimo mejor. Si son varios, cada día uno, por turnos. Les diremos que en ese tiempo establecido (veinte minutos) nos reencontraremos y que estamos deseando achucharles.
  • A partir de la llamada pediremos a los abuelos que bajen el nivel de activación de los pequeños. Que no se comience ninguna actividad muy apetecible ni movida. Tampoco deberes que habrá que dejar a medias ni ninguna serie de televisión que luego tengan que interrumpir de mala gana.
  • En este tiempo hasta que lleguen los padres los abuelos plantearán alguna rutina que les de señales a los niños de que en breve llegarán a recogerles. Hacerles un dibujo a los papás, ir recogiendo, irse poniendo los zapatos y el abrigo, escuchar alguna canción.
  • Si la climatología y la hora lo permiten estaría bien que os esperasen en la calle y así el contexto es más neutral y hay menos factores de comodidad y seguridad a los que aferrarse los niños.

Y ahora que ya estamos en casa, ¿qué?

  • Si están cansados: pedirles las cosas que tengan que hacer despacio, asegurándonos de que lo han entendido, ayudarles a realizarlas.
  • Si están tristes y nos verbalizan “que no nos quieren o que quiere más a los abuelos o que preferirían quedarse a vivir con los abuelos”. Tendremos que hacer de tripas corazón, y manejar este rechazo únicamente como un mensaje de “me encanta estar con mis abuelos y me duele que me separes de ellos, por eso te agredo con estas palabras”. Pero no debemos darle más profundidad ni carga emocional a estas palabras tan hirientes. Lo mejor que podemos hacer si no las queremos estar escuchando a diario como arma arrojadiza es respetar que lo sientan así y devolverles mucha protección y seguridad por nuestra parte, un mensaje de amor incondicional a pesar de lo dolidos que estemos. Puede ser algo parecido a: “Entiendo que estés triste por irte de casa de los abuelos y enfadado conmigo por sacarte. No tiene que ser fácil porque además tienes que estar muy cansado. Siento que no me quieras. Para mí tu eres la persona más especial del mundo”. Y si entran en bucle reprochándonos “pues tú para mí no”, nosotros intentar no llevárnoslo a un juicio personal veraz por su parte, y desde la técnica de disco rayado devolverle “yo a ti sí te quiero cariño y mucho”.
  • Si están enfadados, no entrar a las provocaciones. Respetar su estado de ánimo siendo firmes en los comportamientos que no nos parecen tolerables pero permitiendo que expresen como se sienten aunque sea muy amargo de escuchar para nosotros.

[Nota maliciosa: para poder llevar a cabo lo expuesto en este punto, nuestro objetivo primero deberá ser conectar emocionalmente con nuestros hijos para detectar y acompañar sus estados de ánimo. Y ya de paso, quizá podría plantearme ¿Y cómo estoy yo, puedo estar de otra manera, facilitaría eso algo?]

Además puede resultarnos de mucha utilidad…

  • Hacer una escucha activa y empática de su día. Demostrarles con hechos que tenemos dos orejas y sólo una boca por algo.
  • Contarles alguna anécdota divertida o curiosa de nuestro día.
  • Hablarles de algún plan apetecible que esté a la vista.
  • Comentar cómo os podéis organizar al llegar a casa para hacer las cosas de la mejor manera posible, por qué prefieren empezar, si quieren que les eches una mano con algo.
  • Poner en el coche incluso en casa alguna música que os guste a todos, en lugar de ir corriendo a por el mando de la tele (que nos hará entrar en disputa y ralentizarnos).
  • Terminar el día, “Cuidando el amor”: acompañándoles a la cama, besándoles y abrazándoles, expresándoles lo mucho que les echamos de menos por el día, haciendo un resumen de lo mejor de su día, leyendo juntos. Haya pasado lo que haya pasado durante el día. Os merecéis una tregua. Es un regalo para todos. Estaréis reforzando y nutriendo tremendamente vuestro vínculo entre padres e hijos.

Nayra Herrera Vaquero

Psicoterapeuta familiar

Grupo Crece

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