Psicología y logopedia infantil. Grupo Crece

Creciendo juntos es un proyecto de Grupo Crece donde cuidar la crianza. Ofrecemos temas de interés relacionados con la psicología, la logopedia y la educación donde padres, madres y educadores puedan compartir sus inquietudes


Deja un comentario

Educar sin gritar… ¡es posible!

ambiente tenso

“¡Niño, deja ya de joder con la pelota! ¡Que eso no se hace, que eso no se dice, que eso no se toca!”…  Así recogía Joan Manuel Serrat la manera en la que nos dirigimos y asumimos la educación de “esos locos bajitos”, como los llama en su célebre canción. Y, en efecto, tanto en el ámbito escolar como en el familiar, es frecuente responder con el grito a todas las acciones de los niños que se escapan a nuestro control o a nuestra manera de entender los límites del comportamiento socialmente aceptado. Entre todos, hemos convertido al grito en un elemento central en la educación, enseñando a los niños a portarse bien para evitarlo y a aceptar solamente aquellos límites que se imponen con él.

Es evidente que los límites son un elemento necesario en la educación y la salud mental de los pequeños,  pero si solo se establecen por medio de gritos, estamos perdiendo de vista otras maneras más efectivas y racionales de educar, y pecando de una rigidez y un reduccionismo que no nos benefician como padres y como educadores.

Adquirir nuevas actitudes en la forma de relacionarnos y educar a los niños, y, a la vez,  adaptar nuestras respuestas de un modo flexible a su comportamiento, variando el tono y el modo en el que nos dirigimos a ellos, reforzará nuestra figura de autoridad y nos mostrará como ejemplo de cómo abordar los problemas desde la razón, la contención y la templanza, no desde el descontrol que el grito lleva implícito.

Empatizando, validando, conteniendo, manejando los tiempos y negociando con nuestros hijos, manejaremos los conflictos desde un lugar en el que la relación padre/madre – hijo/hija saldrá reforzada.

  1. Empatizar, es decir, entender la posición, las motivaciones o el punto de vista desde el que nuestros niños actúan, nos ayudará a comprender muchas reacciones que desde nuestra perspectiva de adultos nos pueden parecer inadecuadas. Un ejemplo de empatía sería “Entiendo que quieras comer más chuches, ya has comido suficientes y no quiero que te pongas malito”.
  2. Validar la emoción que está empujando a nuestro hijo a actuar de una determinada manera, poniéndole nombre a lo que está sintiendo y quizá no esté sabiendo identificar, ayudará al niño en su desarrollo emocional y será una magnífica base desde la que aprender a manejar y gestionar sus emociones. Un ejemplo de validar serías “Veo que te ha enfadado mucho lo que te ha pasado en el cole, ¿quieres que hablemos de ello?”
  3. Contener las reacciones desmesuradas en las que el niño pueda dañarse, dándole alternativas desde la protección y la preocupación para expresarse sin ponerse en peligro, es una manera de acompañar al niño en los momentos en los que necesita una ayuda para manejar sus emociones y sensaciones, favoreciendo un vínculo sano entre padres e hijos.  Para ello tendremos que mantener un contacto visual y corporal con el que ayudemos al niño a contenerse y a expresarse de manera calmada y controlada.
  4. Manejar los tiempos y nuestras propias emociones cuando tratamos con los niños es una manera de demostrarles respeto y permitirles desarrollar su autonomía. La falta de tiempo que gobierna nuestro día a día nos hace imponer nuestros ritmos  a los peques sin tener en cuenta sus necesidades. Pararnos a respirar y plantearnos si nos estamos poniendo nerviosos porque nuestro hijo se ata muy lento los zapatos, o si es porque nosotros no tenemos tiempo para permitirle automatizar la lazada, nos evitará manejarnos desde la rabia con el niño.
  5. Negociar y llegar a acuerdos comunes favorece el encuentro entre padres e hijos. Es una manera, además, de ofrecer a los pequeños un entrenamiento en empatizar, conectar con sus necesidades, generar alternativas y tolerar la frustración. Para ello nos ayudará tener claro qué aspectos de la educación estamos dispuestos a negociar y cuáles son nuestros límites, además de tener una actitud abierta y flexible a las propuestas de nuestros hijos.

Al establecer límites desde estas posiciones apostaremos por una relación en la que el respeto entre padres e hijos o entre niños y adultos tendrá un origen sano y genuino y evitaremos inculcar una forma de respeto basada en el miedo.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

Grupo Crece

Anuncios


Deja un comentario

¿Qué entendemos por crianza respetuosa?

 

crianza respetuosa

Entendemos la crianza respetuosa no como sinónimo de crianza permisiva sino como una crianza basada en el amor, el afecto, la paciencia, la escucha y la empatía y por supuesto, en la necesidad de marcar límites a nuestros hijos.

Se trata de acompañar a los niños desde su nacimiento y durante todo su desarrollo, poniendo nuestros cincos sentidos en conocerles y comprenderles, confiando en sus logros y reconociendo sus dificultades. Pero también requiere autoconocimiento personal para mejorar las cosas que fallan en nosotros mismos como padres para ser un ejemplo a seguir, no olvidemos que somos su espejo y su guía.

Ponerse en el lugar de nuestro hijo, dejarle jugar, explorar, investigar, mancharse, llorar, desahogarse, probar, caerse y volverse a levantar… respetarle y hablarle con respeto, etc. no está reñido con ponerle límites. Educar es acompañar con coherencia, cariño, creatividad y criterio, y esto no es incompatible con la firmeza y la aplicación de las normas de convivencia.

Es importante observar más allá del comportamiento de los niños, fijarnos en los sentimientos que esconden e intentar escuchar, entender y aceptar lo que no son capaces de decirnos con palabras. De esta manera les ayudamos a reconocer y expresar sus emociones de una forma más sana y normalizada. Entender lo que nos quieren decir no significa aceptar sus reclamaciones todo el tiempo, significa ceder a veces pero otras ser firmes con nuestra decisión: “Lo siento pero no, entiendo que te enfades, pero no…” es diferente a “¡No, porque lo digo yo y punto!”.

Los niños que actúan agresivamente pueden estar necesitando un abrazo o algún contacto físico que les permita sentirse seguros para llorar, dejar salir su frustración y de esta forma sentirse más aliviados. El cariño y el respeto son más poderosos que el miedo y el castigo. No queramos desaparecer una conducta sin haber entendido cuál es el mensaje que nos está enviando el niño, de esta forma favorecemos nuestra conexión y confianza con él probabilizando  la prevención de futuros conflictos.

Es importante tener expectativas realistas con nuestros hijos, para ello es necesario conocer sus limitaciones y flexibilizar nuestras demandas ya que los niños son de una naturaleza curiosa, movida, desordenada, impaciente, demandante y olvidadiza, en definitiva, están llenos de energía, energía que no siempre va al compás de la nuestra.

El reto de una crianza respetuosa es ir poco a poco ayudándoles a escoger, moldear y enseñar lo que creemos que es bueno para nuestros hijos.  Lo difícil es tener paciencia para acompañarles en este proceso, pero es un camino fascinante, único y lleno de experiencias maravillosas e irrepetibles.

 Susana Paniagua Díaz

Psicóloga educativa

Grupo Crece