Psicología y logopedia infantil. Grupo Crece

Creciendo juntos es un proyecto de Grupo Crece donde cuidar la crianza. Ofrecemos temas de interés relacionados con la psicología, la logopedia y la educación donde padres, madres y educadores puedan compartir sus inquietudes


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El comienzo del cole, un momento difícil en ocasiones…

llanto de niño

Imagina que un día te levantas y lo que tú pensabas que iba a ser tu rutina habitual en un entorno protegido se convierte en que: una de las personas que más quieres te lleva deprisa y corriendo a un edificio grande, donde no conoces a nadie, hablan una lengua extraña, te dan órdenes que debes obedecer y esta persona de referencia te dice con una sonrisa desencajada “que te diviertas cariño, luego vengo a por ti” (en el mejor de los casos). ¿Cómo te sentirías? Seguro que con grandes dosis de sorpresa, angustia y miedo.

No pretendo dramatizar ni subestimar la capacidad de adaptación de los niños en la primera infancia (entre 0 y 3 años). En muchas ocasiones nos sorprenden agradablemente. Hay niños que se quedan tan tranquilos, habiendo ido o no previamente a la escuela infantil.

Pero lo frecuente al comenzar tanto en la guardería como en el colegio es que durante un tiempo indeterminado, los niños acusen ciertas dosis de angustia y miedo, que dependiendo de cómo lo gestionemos, cesarán o se acrecentarán limitándoles en otras áreas de su desarrollo.

Los profesores del primer año de infantil asumen que durante el primer trimestre una prioridad curricular debe ser la acomodación de los niños a una gran cantidad de nuevos estímulos (aula, recursos, adultos, compañeros, rutinas, comidas, control de esfínteres y otras conductas de autonomización, normas…). Y con este fin se ha implantado en una gran mayoría de centros el Período de Adaptación.

Conviene estar atentos para detectar cualquier síntoma de malestar o sufrimiento que puede aparecer en nuestros hijos a lo largo de esta fase:

llanto de niña

  • Descontrol de esfínteres, hacerse pis durante el día o la noche.
  • No quererse ir a dormir, un sueño intranquilo, terrores nocturnos.
  • Llorar sin motivo (aparente).
  • Demandar más brazos, besos y mimos.
  • Aumento de la frecuencia e intensidad de las rabietas, en casa y fuera.
  • Alteraciones del lenguaje, imitando el balbuceo de un bebé.

¿Cómo podemos ayudarles?

  1. Sin dar por hecho que las dificultades de adaptación duran únicamente la primera semana. Hay niños que la primera semana están estupendos y luego se derrumban. Cada niño es un mundo y como hemos señalado, los profesionales de estas edades les dan un margen de tres meses para asentarse y acomodarse.
  2. No introducir grandes cambios ni estar especialmente exigentes en estas primeras semanas de adaptación. Pongámoselo lo más fácil posible en casa y respetemos con cariño las regresiones que necesiten hacer. Volviendo al comportamiento de la fase de la que acaban de salir (la de bebé) se sienten más seguros y creen que obtendrán más atención y protección. No dejemos de dárselas por pensar que les vamos a potenciar comportamientos infantiles. Si ellos sienten que les permitimos su malestar y les cobijamos cuanto necesiten, pronto se sobrepondrán y afrontarán esta bella e intrigante etapa con ilusión.

 

  1. UNOS DÍAS ANTES (tampoco hace falta que bombardeemos durante mucho tiempo atrás):
    1. Familiarizarles con el nuevo centro será de gran ayuda. Visitarlo y jugar en la puerta con él.
    2. Explicarles mediante cuentos cómo será el proceso. Así se identificará con personajes que sienten cosas similares a él, que se enfrentan a situaciones que quizá a ellos les angustien y les tranquilizará que juntos hayamos pensado maneras de gestionarlas.
    3. Comentarles que quizá algunos niños en el momento de la entrada se pongan nerviosos, tristes y normalizar esta reacción. Expresarles explícitamente que si ellos se sintieran así no pasa nada y que en unos días seguramente se encontrarán mejor, que nosotros estamos convencidos de ello. Pero que al principio a veces es un poco duro. Con el paso de los días al sentirse más cómodos con sus amigos y ver que hacen un montón de cosas divertidas irán sintiéndose mucho mejor.

 

  1. DURANTE: no llegar con mucho tiempo de antelación, hacer una despedida breve y trasmitiendo entusiasmo, llevando a ser posible algún objeto favorito que le de seguridad para enfrentar situaciones desconocidas.

 

  1. DESPUÉS:
    1. No agobiar con interrogatorios pero tampoco dejar de ofrecernos para escucharles lo que nos quieran contar.
    2. Permitirles la apatía, tristeza o rabia durante esta fase porque serán signos también de pequeños (o grandes) duelos a los que se está enfrentando: no ir más a la guarde, no ver más a esos amiguitos, no pasar tanto tiempo con alguna figura de referencia importante, no comer la comida de antes, etc.
    3. No apuntarles a actividades extraescolares en este primer año. Son muchas horas fuera de casa y sin sus referentes afectivos.

 

En resumen, la forma en que mejor podremos ayudar a nuestros pequeños a transitar esta nueva etapa de su corta vida será desde el aporte de grandes dosis de:

  • ilusión de todo lo bueno por vivir en su centro
  • naturalidad y buen humor con nuestra forma de reaccionar a su sufrimiento (si lo hay)
  • confianza incondicional en que a pesar de todas las dificultades que puedan surgir a lo largo de este primer año, podrá superarlas
  • y mucho mucho mucho Amor.

Nayra Herrera Vaquero

Psicóloga infanto-juvenil, familiar y de pareja

Grupo Crece

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